jueves, 27 de junio de 2013

Sobre libros inexistentes que se han escrito muchas veces (ENSAYO)

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

CARTA DEL LECTOR

A la revista Libre de nexos:

Leo su revista cada mes y me encantan sus artículos. Sin embargo, les escribo para compartirles una reflexión y pedirles un favor. Soy un comprador compulsivo de libros que nunca leo. Durante el último año, uno de mis pocos logros dignos de ser presumidos es la construcción de una biblioteca acumuladora de polvo. Así, expongo al peligro a mis pulmones, alérgicos a la tierra y a esa humedad devoradora de paredes formada por los humores de lo guardado. Mi biblioteca se compone de libros que no leerán otros, portadas que se desprenden del lomo y hojas que empiezan a ponerse amarillentas, marchitas por tanto esperar las manos y los ojos que las rieguen con su lectura. Y cuando veo todos esos libros en mi estante, me pregunto si llegará ese día en que diga con orgullo, “estos ladrillos no solo sirven para sostener cimientos y adornar la casa”.  En ocasiones, sufro ante la perspectiva de mi muerte, y el no ser recordado por las personas que visiten mi tumba del siguiente modo: “este hombre leyó más de dos mil libros en su vida, y al final, la muerte se lo llevó por culto. Los gusanos que corromperán su cadáver podrán sentirse orgullosos de degustar un cuerpo lleno de celulosa con polillas, y cuando la carne se pudra y abra paso al esqueleto, en sus huesos se verán incrustadas las huellas de su enciclopédico saber”.

A veces medito que he comprado demasiados libros, y considero que aún no poseo los suficientes. No adquiero uno cuando pienso que debería tener aquel otro, rebajado un 30% de su precio original o que trata un tema que en ese momento me interesa (aunque después el interés se pierde en el momento que guardo el libro en la mochila, ya obtenido). Erasmo de Rotterdam decía que el poco dinero que tenía lo usaba para comprar libros y si le sobraba algo de morralla, la destinaba a comida y vestido. En mi caso, me gustaría simpatizar con esta filosofía, pero tanto libro haciendo cola en los estantes me abruma y pienso varias veces en el carácter prescindible de muchos ejemplares que he comprado. Es decir, el dinero que he desperdiciado. Tantas novelas, tanta divulgación científica, tantos manuales, tanto lodo de pantano de libros de autoayuda, o tantos mamotretos de filosofía que destruyen prometedoras carreras lectoras, me hacen pensar en que la humanidad se repite demasiado en sus libros. Miles de obras que sólo son “remakes” o directamente plagios de otras obras, o pies de página de pies de página que a su vez son pies de página de un libro citado en otro pie de página, me llevan a la conclusión de que nuestras bibliotecas carecen de síntesis. Habría que reducir el número de libros por los que vale la pena esquilmar la cartera y desgastar los ojos hasta dejarlos ciegos. El ahorro de dinero en libros apoyaría mi economía, el saber sería más concreto y libre de menudencias y poses. Finalmente podría, a diferencia de Erasmo, llegar algún día a comer en uno de esos restaurantes de luces titilantes donde hay más cubiertos y platos que comida, o vestir con decoro un saco Dolce & Gabanna.

Perdonando tanta digresión, me gustaría que me recomendaran unos pocos libros sobre los temas más importantes, para así reducir mis gastos superfluos y conformar mi biblioteca únicamente con las obras más sólidas del pensamiento contemporáneo. Como sé que su revista se especializa en confeccionar listas de los mejores libros como máquinas costureras y en decir qué escritor es mejor que otro con base en el número de entrevistas zalameras que les realizan o la cantidad de veces que tuitean para demostrar su compromiso social o los abismos de sus pensamientos, me parecen una fuente confiable para encausar por procedimientos más concretos mis ansias lectoras. Es una petición difícil, pero si es contestada, lo agradecería muchísimo.

Atte: Carlos Andrés Gallegos Valdez

RESPUESTA:

Del editor de Libre de nexos

Estimado lector:

La revista agradece su preferencia. Recibimos su misiva sin mucho interés y le pusimos poca o nula atención a lo que escribió, pero a lo que alcanzamos a entenderle, esta casa editorial cree conveniente recomendarle el siguiente artículo de nuestro reportero estrella, titulado “Los cinco libros que deberías llevarte a una isla desierta”. Léalo, y por favor, ya no mande cartas tan extensas, a nadie le importan sus preocupaciones y no tenemos tanto tiempo como para dedicarle dos minutos a sus divagaciones. Sin más, se le adjunta el artículo en cuestión:

Los cinco libros que deberías llevarte a una isla desierta

De Marcos Magallanes*

Aunque sólo recordamos como náufragos famosos a Robinson Crusoe y a Tom Hanks, sabemos que ambos personajes de ficción fueron infelices durante el tiempo que vivieron en una isla desierta, debido a que carecían de libros por leer. Semejante problemática, apoyada en absolutamente ninguna evidencia, aumenta cuando los entrevistados en revistas como la nuestra son incapaces de responder cuáles serán los libros que se llevará a leer cuando llegue a ser un náufrago barbón y maloliente en una isla. Para la gente, leer al menos un libro en semejante estado de emergencia se agrava cuando sabe que no puede elegir a la mano entre cientos de libros, pues es bien sabido que las islas no albergan bibliotecas. Así que este reportaje presentará a los cultos marinos cinco alternativas para leer con tranquilidad en una ficticia condición de desamparados sociales, esos libros que dejarán en el lector ese profundo sabor en el paladar, expresado en palabras del siguiente modo; “esta lectura está bien interesante, el tema es bueno, el autor sabe de lo que habla y lo volvería a leer otra vez… cuando naufrague y encalle en una isla solitaria”. A continuación, cinco libros que debe leer todo ser humano digno de llevar el nombre de la especie.

El primer texto, joya del pensamiento científico, se llama “Sobre la insignificancia humana” de Melanie Porter, doctora en Primatología de la Universidad de Cambridge. El estudio científico, basado en la Teoría de la Evolución de Darwin y en el odio patológico de la autora del libro a su marido, señala que la especie Homo Sapiens no ha demostrado avances significativos en el desarrollo de su inteligencia, motivo por el cual es un lastre para la Naturaleza. Haciendo una comparación con los parientes evolutivos del Hombre, principalmente los primates, Porter nos hace ver que la humanidad debería darse un tiro en la cabeza, ya que mientras los monos logran desplazarse entre los árboles con destreza, los hombres son incapaces de abrocharse las agujetas de los zapatos y eructan entre las comida.

Este libro posee estudios incontrovertibles. Se les inoculó eritoproyetina a los bonobos, y se comprobó que la especie “Pan Paniscus” tiene una mayor potencia sexual que el hombre. Cuatro de cada cinco bonobos tuvieron eyaculación precoz luego de inyectarles la hormona. El mismo estudio se realizó en un grupo de ciclistas, y se observó que uno de cada 236 ganaba el Tour de Francia. El análisis cuantitativo de los estudios no deja lugar a dudas sobre el mayor potencial de los primates. En otro análisis, la Dra. Porter demuestra que los chimpancés comunes (Pan Troglodytes) son más inteligentes que los seres humanos, ya que estos primates son capaces de cazar termitas y hormigas con un palo hueco para luego comérselas, mientras que el Homo Sapiens solo atina a atraparlas con su mano al mismo tiempo de sufrir piquetes constantes de los insectos.

El segundo libro se denomina “Cómo acabar con la economía” del mago de las finanzas mexicano Pedro Luis Irigoytía. El autor recomienda a los gobiernos dejar de gastar el dinero en superficialidades como la seguridad social y la educación, para enfocar los presupuestos públicos en conciertos gratuitos en plazas públicas y bacanales para agasajar a los inversionistas extranjeros. Critica la visión de ciertos lunáticos en cobrar más impuestos a los empresarios y ricos, asegurando que sin ese dinero no se podrían construir las residencias electrificadas y los centros comerciales para niños bien, que dan una imagen de prosperidad a una nación.  En ámbitos más concretos, Irigoytía le pide a la gente ahorrar más su salario comiendo únicamente con frijoles y tortillas, ya que así les “levantan las varillas” a millones de mexicanos en el presente. Incluso recomienda vender todos los platos y vasos de la cocina, para comer únicamente con una escudilla, al modo de Zenón el filósofo del tonel. Así, el dinero ahorrado se usaría para cubrir otras necesidades, como aumentar el ancho de banda del Internet para jugar Xbox Live o comprar un iPhone de última generación.

En un fascinante debate que toca en la mitad del libro, el distinguido economista recomienda dejar de regalar dinero a los vendedores, cantantes y payasos ambulantes que se trepan a los camiones de transporte público. Estadísticas comprueban que un adulto económicamente activo derrocha entre cuatro y trece pesos diarios cada vez que algún mercader de pulseras o un mensajero azteca alarga su mano para pedir una remuneración voluntaria. Lo anterior da un gasto de aproximadamente 300 o 400 pesos al mes. En algunos ejemplos extremos, personas caen en quiebra por dilapidar cuatro mil pesos al año en mantener el ambulantaje de “pecera”. Irigoytía piensa que ese dinero desperdiciado podría ayudar a la industria farmacéutica, ya que la costumbre mexicana y mundial de comprar analgésicos, estimulantes, ansiolíticos y antidepresivos haría más saludable a la gente y a los bolsillos del Sector Salud

“El fin de las canastas de mimbre” es un conmovedor tratado sociológico de una generación perdida. Steven Paulus, sociólogo de la Universidad de Iowa, hacía fila en un supermercado cuando observó con estupefacción la cantidad de bolsas de plástico que se usan para empacar. Al ver a los cerillos acomodar con visible torpeza los objetos en las bolsas, llegándolas a romper incluso, Paulus encontró la mecha para escribir un libro donde denunciara los valores decaídos de una sociedad fracasada.

Tras un repaso histórico de cómo las sociedades occidentales han hecho el mandado, y una serie de estudios comparativos entre culturas, Paulus concluye que la gente es presa de un delirio consumista donde las bolsas de plástico desplazan a las canastas de mimbre. El hecho de que cada vez se produzcan y se usen menos canastas de mimbre es un reflejo de los tiempos actuales. La pérdida de la tradición local por el consumismo global. El advenimiento de las empresas petroleras multinacionales que derrumba a los artesanos locales. La posmodernidad de los hidrocarburos sobre la modernidad de fibra vegetal. La sociedad post-industrial, hundida en el plástico, le da la espalda a los valores de la Ilustración y la Reforma Protestante en las que se cimentaron los hombres y mujeres occidentales.

La genialidad del libro radica en la profundidad de las reflexiones. Utilizando a Foucault, Paulus considera que el uso de la bolsa de plástico en los supermercados obedece a un discurso dominante. En base al psicoanálisis, el sociólogo piensa que la bolsa de plástico es un mecanismo de represión del yo. Con el apoyo de estudios feministas, el plástico es una imposición masculina, donde la bolsa representa el falo, y el ruido que hacen, la voluntad de imponerse sexualmente a la mujer. Paulus concluye con una poderosa conclusión: si el hombre usara más canastas de mimbre, sus estructuras mentales cambiarían hacia el servicio a los más desfavorecidos y el cuidado del medio ambiente.

En ámbitos más literarios, la autobiografía de Johnny Peace, nombrada “Yo Soy Johnny Peace”, es el retrato de un pájaro libre que vuela, lejos del “establishment” controlador de masas mediante alpiste embrutecedor de las conciencias avícolas. No obstante, Peace es el Mesías que enseñó a los jóvenes a rebelarse al poder mediante el uso de calzado sin calcetines. Entender al músico es entender su filosofía. Peace componía canciones mediante las sopas de letras que resolvía en el baño. Él mismo lo señala, “Eso me dio el poder de crear canciones y discos temáticos, que combinaran el espíritu crítico y la voluntad poética de las composiciones”. Así, una canción sobre la paz mundial se logra reuniendo todos los países que vienen en la página 34 de un número viejo de “Sopeando”. El verso “España, Alemania, Inglaterra, Francia, Ageuron, Ailati, Irlanda”, movilizó a miles de jóvenes a una revolución por la paz mundial, debido a la inclusión de tantos países en la canción de Johnny Peace. Los críticos del músico aplauden como focas amaestradas: “No le entendemos un carajo a las canciones, pero suenan desgarradoras, con un halo de rabia contenida”, dice un periodista de Rolling Stone en la contraportada del libro. La historia y la filosofía del Siglo XX se compactan en la autobiografía de un artista luminoso.

Finalmente, “Sombras nada más”, de Gonzalo Montes, es una novela poderosa que resume la búsqueda del hombre por responder el sentido de su existencia. El amor y el desamor, la salud y la enfermedad, la ignorancia y el saber, la fe y la razón, lo material y lo espiritual, el Ying y el Yang, se contraponen en todo el escrito buscando el fin último de la vida humana. “Sombras nada más” es la vida en tu vida, es el amor en tu amor.

Aurora, una mujer de 34 años, vive entregada en un surrealista mundo de pasadizos y aposentos donde la protagonista es oprimida por batientes, marcos de cristal y un cielo de cemento (casa). Desea escapar de esta caverna que limita la expresión de sus sentimientos y conoce a una serie de estrambóticos personajes (el vecino, el que barre la calle, la señora que vende dulces, el vendedor de raspados, el puberto que la mira con ojos anhelantes, la viejita de enfrente), que conducirán sus inquietudes intelectuales hacia “el lugar donde todo está y todo se encuentra, sabiéndolo buscar y pedir”. Allí conocerá por primera vez el amor en un hombre que le habla con el lenguaje del amor sincero (“solo son diez con cincuenta”) y encontrará sentido a su vida cuando encuentre algo que no había encontrado en otros lugares (“Mira, aquí si había jamón de pavo Fud”).


La enfermedad narrativa de Gonzalo Montes lo lleva a una terapia intensiva de varios autores: la hemorragia verbal de Carlos Fuentes, las frases ininteligibles del Ulises de James Joyce, y las filias sexuales del Marqués de Sade, viajan como virus dentro del organismo de las letras, que a su vez denotan una prosa onírica a lo Paulo Coelho y reflexiones sobre el amor al modo de Ediciones Harlequín. Montes, un escritor centelleante, chispeante, fogoso y pasional, logra abrir un nuevo horizonte en la literatura mexicana y universal. Esta conmovedora novela ganó el Premio Nacional de Literatura, el Premio Carlos Monsiváis a los escritores comprometidos, y es muy probable que gane también el Premio Nobel, porque una novela tan extraordinaria debería ser juzgada por la Academia sueca como se merece. De lo contrario, cometerían un crimen histórico.

*Marcos Magallanes escribe desde hace doce años en la revista. Es sociólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México, y es conocido por sus libros de ensayos "Peor es nada" (2006), "Por qué López Obrador es un peligro para México" (2007), y "Conversaciones con Vargas Llosa en Skype" (2009), además de su reciente obra de cuentos "Los inteligentes no ven Televisa" (2012), publicado por Editorial Cemento y Grava.

martes, 25 de junio de 2013

Los rusos atacan Nueva York

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

“Yo lo vi. Era un grupo de terroristas, de la Unión Soviética. Fabricaron una bomba atómica, y la arrojaron al Polo Sur. Entonces, toda la Tierra se congeló. En las principales ciudades, el hielo cubría las calles y los edificios…..”

Cuando el filósofo y escritor Albert Camus recibió el Premio Nobel de Literatura,  agradeció a su maestro de la primaria, el señor Germain, por convertir a un niño pobre de Argelia en un hombre de bien.  No obstante, hay hombres que convierten en niños pobres a sus alumnos. Son personas que necesitan ser orientadas, más que ser orientadores. Maestros desdichados convertidos en mofa por los alumnos, expertos en transformar en caricatura a los adultos que no tuvieron a un Germain cuando eran niños. Profesores que laboran en una secundaria por la paga, por ser muy amigos del Sindicato, o porque piensan que es una profesión sencilla. El tipo de maestros cuya persistencia en la memoria se presenta de dos modos, o desaparece con el tiempo, o permanece en el recuerdo a base de anécdotas que incitan a la sorna. El mejor ejemplo de lo segundo es un profesor que yo tuve en la secundaria, de nombre Rodolfo Solórzano, cuyos desvaríos son el perfecto ejemplo de la anti-docencia, al puro estilo del profesor que cambió el significado de una oración religiosa por no saber de gramática en “El periquillo sarniento”.

A mi maestro le decían “Jirafales”, como el personaje del Chavo del Ocho. Era alto, una obviedad decirlo. Pero su presencia física, además de la estatura, no dejaba indiferente a nadie. Rodolfo Solórzano era un señor de pelo entrecano que frisaba los 55 años, usaba lentes, llevaba una brocha negra como bigote y su cara estaba llena de arrugas y papadas. Su voz era clara, resonante para un salón de clases, pero un tanto monótona para llamar la atención de sus alumnos. Siempre vestía de pantalón azul de mezclilla, camisas de botones y tenis de suelas fatigadas. Caminaba erguido, aunque con perpetuo aura de preocupación. Nunca lo vi gritar enfurecido a algún alumno, pero tampoco era un maestro que intentara ganarse alguna simpatía saludando o platicando con otros adolescentes fuera de clase. Un maestro con vida y estampa de burócrata.

Rodolfo Solórzano impartió las clases de Historia Universal II y Geografía Universal II. Bueno, impartir es una palabra muy generosa. Lo que hacía este profesor era despachar las materias, con la desgana de un encargado de ventanilla en cualquier secretaría de gobierno. No improvisaba, no explicaba, no aclaraba dudas, sólo pasaba lista y se sentaba en la silla de su escritorio con una taza de café en mano, mientras nos encargaba cualquier actividad para pasar el rato. Un día le pregunté quién era el primer virrey de la Nueva España. No contestó, dijo que lo investigaría otro día. “Jirafales” era un pez que vivía mejor en los limitados acuarios de sus silencios. Mientras menos le cuestionaran, mejor. Una leyenda de pasillos aseguraba que Solórzano perdió su anterior trabajo de maestro por acosar sexualmente a una chica. Pero el sacerdocio escolar lo reintegró a la vida docente en una nueva parroquia, una escuela secundaria técnica ubicada en un rincón olvidado de un barranco. Y así fue como llegué a conocerlo. 

Las clases eran orientaciones vocacionales para los alumnos. Un día éramos copistas de la Edad Media, Transcribíamos palabra por palabra tres o cuatro párrafos de nuestro libro de Historia o Geografía, para ver si mediante la repetición amanuense se nos pegaba algún suceso desperdigado de la Primera Guerra Mundial o un país desconocido de Asia en nuestras molleras. Otro día éramos cartógrafos. Con papel cebolla, calcábamos los mapas que venían en los libros mientras distinguíamos cada país de otro con lápices de colores (en mi mapa, el verde era España y el amarillo era Francia). El resto de los días nuestros oficios variaban: espectadores de películas (algunas tan educativas como “El hombre araña” o “Corazón de Caballero”, esta última para aprender de los imperios absolutistas del Siglo XVII), geómetras que diseñaban mapas conceptuales (copiados del libro, naturalmente), lanzadores de papeles ensalivados hechos bolita o delincuentes menores parados enfrente de clase con pizarrón blanco de fondo. A veces hacíamos resúmenes, algo más cercano a lo que hace un estudiante. Pero al final, al profesor le entregábamos cualquier hoja de papel rellena de garabatos y dibujitos; de todos modos nunca se fijaba si estaba bien o mal hecho.  Rodolfo Solórzano era mi talismán para elevar el promedio escolar, no me esforzaba demasiado y sacaba nueves o dieces en la boleta gracias a sus clases. Lo que se llama un “profe barco”. Pero descubrí que “Jirafales” también traía su propio talismán.

Una mañana de sol y árboles atraídos por las últimas brisas frescas que escapan del calor de mediodía, Solórzano sacó un pedazo de metal de su bolsillo trasero.  Nos dijo que era un amuleto de los siete metales “traído de Alemania”. Ese talismán era capaz de armonizar las energías positivas y expulsar las energías negativas, atraer dinero y salud, y generar paz interior a quien lo poseía. Para desafiar a los incrédulos y su complejo de Santo Tomás (“hasta no ver, no creer”), el profesor exorcizó los demonios y las vibras negativas de una compañera de clase, moviendo el amuleto como si manipulara una lámpara de mano y repitiendo para sí algún tipo de conjuro o hechizo. Cuando terminó, “Jirafales” le preguntó a mi compañera si se sentía mejor, recibiendo una respuesta afirmativa. Esto animó a Solórzano a revelarnos los misterios de aquella piedra filosofal que le había cambiado su existencia.

Contó que un día, agobiado por el rumbo que llevaba su vida, visitó a una astróloga y hechicera. Ella le dio el amuleto de los siete metales y tenía la capacidad de hacer regresiones con sus clientes. Solórzano miró su pasado con la ayuda de la astróloga, y encontró que alguien intentó matarlo con un machetazo. Luego, el profesor amaneció tirado en un desierto, y sintió que un camello le arrancaba los pelos de la cabeza. Durante la regresión, sintió que alguien le tocaba el hombro derecho con insistencia. Eran las huellas del machetazo. Para evitar los conflictos que pudieran surgir del pasado, la hechicera le entregó el talismán germano y le enseñó un ejercicio para liberar las tensiones negativas. Acto seguido, él (todos), cerramos los ojos y comenzamos a inhalar con la nariz y exhalar por la boca. La técnica de relajación nos enseñó a viajar al centro de la Tierra mediante hilos anudados en nuestros culos.

Mis compañeros de escuela eran personas insoportables para él. Exigía silencio y regañaba a los alumnos con bravatas directas. Un día retó a un compañero diciéndole: “yo soy una persona muy inteligente”. Sonreí como idiota. El profesor me sorprendió y me paró al frente con otros delincuentes el resto de la clase. Juré por los vivos y los muertos que no me había burlado de él, pero mis súplicas fueron inútiles. Estaba asustado. Por mi condición de estudiante ejemplar y ver que semejante estatus se veía en peligro, temí lo peor. Pensé que Solórzano me bajaría puntos, me mandaría a la Dirección por mala conducta, pero no lo hizo. Le pedí disculpas y el incidente quedó olvidado. En el fondo, noté que mi profesor era un hombre honesto, sabedor de sus propias limitaciones. Dentro de su espíritu, Solórzano sabía que era maestro por circunstancias, al no encontrar su lugar en el mundo.

A veces me pregunto si Camus, mientras leía la conmovedora carta a Monsieur Germain, también recordaba a aquellos maestros que no le aportaron ni un gramo de sal durante su posterior vida escolar. Quiero pensar que también los recordaba, pero en un grado de estima mucho menor que a Germain. Pero los malos profesores también dejan huella. Por sus rostros de caricatura, su caminar chistoso, su voz aguda que provoca carcajadas inoportunas, por sus zapatos mal boleados, sus ojos virolos, por ser flacos como un fideo o gordos como una pelota, tartamudear, sudar de modo incontrolable, o por un inoportuno tic en los labios. Más allá de sus imposturas físicas, sus yerros intelectuales también generan docencia, sirviendo como ejemplo de lo indebido, en una profesión de especial importancia social como la del profesor. En mi caso, Rodolfo Solórzano no provocó un efecto parecido al del señor Germain, ese impacto lo he recibido de otros profesores cuyas historias merecen contarse en otro momento. No obstante, sin los malos maestros de escuela, no sabríamos distinguir entre una fosa oceánica y una fosa séptica. Además, las anécdotas divertidas que se cuentan a los amigos se perderían. A “Jirafales”, por tantas horas de risa, le agradezco. Pero nada más.

“(…) Vi como Nueva York se congeló toda, con sus edificios tan altos. Vi como la Estatua de la Libertad estaba llena de hielo. Fue culpa de los rusos, que arrojaron una bomba atómica al Polo Sur e hicieron que toda la Tierra (también Nueva York) se congelara. Y gracias a eso, se provocó la Guerra Fría. Se llamaba ‘Un día después de mañana’ (sic). ¿Acaso no tendrán el video para presentarlo en clase?”

viernes, 15 de febrero de 2013

La religión de las dietas


Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

   Para aliviar la pereza, Dios creó el trabajo. Para acabar con la lujuria, se inventaron los cinturones de castidad, los pelos en la mano y las religiones monoteístas. Para abatir la gula, la humanidad se impuso a sí misma la dictadura de las dietas. La alimentación, indispensable para la vida de las personas, se convirtió en un recurso mal repartido como casi todos los objetos valiosos de este mundo. Millones de personas mueren de hambre, y otros tantos se mueren de comida. A los suicidas de amplio estómago, a los acopiadores de comida chatarra, a los adictos al colesterol alto, las grasas “trans” y los carbohidratos inútiles, a todos ellos se les presentan las dietas como penitencias para aliviar el pecado. El pecado de retar a Dios en su última cena y pedir doble ración de cuerpo de Cristo en todos los desayunos, comidas, cenas y entremeses de la vida terrenal.

   Las dietas surgen cuando los gordos y los obesos notan incompatibles sus intereses con los deseos estéticos de la sociedad o con las quejas recurrentes de un cuerpo maltrecho, incapaz de trasladar excesos de grasa sin sufrir ciertos achaques. En el primer caso, cientos de carteles publicitarios, folletos de nutrición, secciones de cocina sana en la televisión,  modelos anoréxicas, metrosexuales con pectorales de roca, y comentarios sibilinos de familiares y amigos del tipo “¡Ay!, te creció un poco la pancita” o “Estás algo crecidito, ¿eh?”, movilizan al pecador de gula a una reconversión milagrosa.  En el segundo panorama, los fanáticos del aceite espumoso en las cazuelas y los frecuentadores de taquerías se enfrentan a sus pesadillas corporales; pulmones silbadores, piernas de elefante, brazos esponjados, caras abotagadas, camisas que no cubren todo el frente, pantalones que no cierran, arterias congestionadas de triglicéridos, corazón con tanque de oxígeno incorporado, entre otros síntomas que impiden al goloso conciliar el sueño. Cuando el hombre se fastidia del sonido de la cornucopia, hace trámites para resguardarse en la vida monacal de las dietas. Para lograr éxito en el monasterio, los dueños de panzas esféricas deben probar una corona llena de espinas que el hombre común y sedentario ve difícil colocarse en la cabeza. A esa aureola se denomina fuerza de voluntad.

   En los detractores de lo esbelto, la dieta es un enfrentamiento con el modus vivendi, un régimen molesto e incómodo para salir de la rutina. Para mantener el privilegio de soportar mejor los atracones que la gente delgada, la fuerza de voluntad a menudo sucumbe ante la tentación del antojo. El antojo remueve con furia las facultades olfativas de una persona que ha convivido a lo largo de su existencia con perfumes de barbacoa, tripa, birria y otras esencias, a menudo extraídas de rosticerías, parrillas y freidoras. En estos casos, el pan o la tortilla susurran al inconsciente, “hoy no hagas ejercicio”, “mejor mañana inicias con la dieta”, o “no pasa nada si te zampas dos o tres de buche”. La tentación siempre radica en el futuro. ¿Han visto los carteles de “hoy no fío, mañana sí”?, la voluntad débil, la que se posterga para mañana, siempre vive de lo fiado, sin ser de fiar. Para hacer una dieta, se necesita poseer una estoica disciplina para no derrumbarse por enésima vez en los excesos; el antojo invade, cual Atila el Huno, sobre la corrupción y la decadencia romana de los tragones profesionales. Una voluntad empequeñecida por la comida sólo refuerza un apacible prólogo del remordimiento, es el perpetuo recreo escolar sin una segunda campanada.

   Si se logra acrecentar la voluntad, el nuevo régimen dietético se presenta al recién incorporado a sus filas como una religión con muchas sectas. Cientos de dietas desfilan en pasarela y muestran sus atributos, obra, vida y milagros. Por ejemplo, tenemos a la dieta del Dr. Atkins, que exige a su feligrés dejar de lado las tortillas, las frutas y todo lo que apeste a carbohidratos, y concentrarse en la ingestión de proteínas. Otras propuestas para bajar de peso se basan en comer un solo platillo al día, atrabancarse de frutas y verduras, desechar las carnes rojas en favor de un vegetarianismo cercano a las prédicas de los ecologistas políticamente correctos, beber fibras para aflojar los esfínteres y rellenar los cántaros de nuestras vejigas tomando litros y litros de agua. Los nutriólogos son aficionados a las matemáticas, porque cada comida que proponen en sus dietas es pesada, medida y contada. La calculadora se convierte en herramienta de primera mano para sus practicantes. Las dietas racionadas se trasladan al laboratorio. La comida se mide en onzas y gramos; el agua, en sorbos y mililitros. Ante un panorama tan imbricado, el aspirante a bajar las lonjas se desanima y corre a la rosticería más cercana, pero incluso quienes realizan dieta y logran reducir algunos cientos de gramos pierden la batalla ante Juan Orozco*. El pecador baja la guardia, los kilitos perdidos regresan a casa, y el pecado aloja sus chivas en la panza.

   Así pues, las dietas muestran a los gordos el camino a una vida carente de enchiladas y huaraches repletos de carne. Pero hacerlas demanda la renuncia a los banquetes dionisiacos. El placer de comer es inhibido por la abstinencia, y pasar hambre no es más un defecto sino un sacrificio para acercarse a la divinidad. El nuevo Dios a glorificar tiene sus seguidores en personas que compran libros de nutrición, se inscriben en gimnasios y medios maratones, consumen barras energéticas, alertan a los no creyentes sobre los peligros de los transgénicos y la comida procesada, y levantan altares a las zanahorias, el brócoli y la papaya. Ante la expansión del imperio del mal, que construye McDonalds, Taco Bell y Donkin Donuts como carnadas para atrapar a peces con aspiraciones a ser ballenas, el Dios saludable pone a disposición de los ateos y diabólicos las dietas; esos Padres Nuestros y Aves Marías que se rezan como penitencia para curarnos del pecado de alimentarnos con holgura. Las dietas también enfrentan las contradicciones evolutivas del Homo Sapiens. La selección natural, que elige a los más fuertes y aptos para la vida, parecería bendecir a los cuerpos normales y libres de enfermedades; también descarta a los pasados de peso con maldiciones como la hipertensión arterial, el colesterol alto, la diabetes y la obesidad, esa moderna epidemia que asusta a los centros de salud y aumenta los presupuestos públicos para su combate. No obstante, los porcentajes de gente con sobrepeso aumentan, provistos de paladares omnívoros híper desarrollados y cisternas repletas de grasa listas para hipotéticas hibernaciones, para terror de los fieles al Dios saludable. Las mutaciones se convierten en norma y no en excepción. Posiblemente, la evolución piense en un hombre robusto y rechoncho en una próxima generación. ¿Y si al final los gordos se comen a Darwin?. El tiempo lo juzgará.


* Juan Orozco, de la frase popular: “Soy como Juan Orozco, cuando como no conozco”

miércoles, 31 de octubre de 2012

Tratado sobre la bonditud hipster

O el pobre debut de Sin Filtro

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez
Televisa se salió con la suya. Redujo su promesa de abrir espacios críticos a la juventud en un ramillete de estereotipos. Las fresas, los pseudointelectuales, el grillo, el nerd de lentes grandes, el rollero, el mamón, todos formaron parte del espectáculo. Foro TV convirtió una de las tantas charlas hipster, de café y cigarros, en un programa semanal de 54 minutos. A eso se resume la respuesta del gigante mediático de América Latina a las demandas de pluralidad en medios de comunicación. Seis chicos “bien” naufragando en un océano de obviedades, lugares comunes, frases y poses hechas. Yo, como muchos televidentes, terminé fastidiado. Y Azcárraga Jean, desde su trono, celebra con vino y rosas. Sin Filtro no le puede hacer nada a nadie. Televisa ha triunfado otra vez.

El proyecto nació muerto y sin credibilidad. El caso de Antonio Attolini, quien dejó el movimiento #YoSoy132 (del que era cara visible) y acepto el espacio televisivo de Sin Filtro para criticar a Televisa “desde adentro”, es el ejemplo más claro. Bajo promesas vagas de libertad de expresión, Attolini y sus compañeros de emisión se embarcan en un laberinto cuyo Minotauro ha devorado presas mucho más grandes y guerreras. Azcárraga Jean, lamentablemente, se aprovechará de estudiantes que carecen de la inteligencia de Dédalo. Un ejemplo, si tanto presumes independencia y del poder de Internet, ¿Por qué no hacer el programa por este medio?. Lo que yo pienso es que buscan más la fama que la congruencia o la integridad intelectual. Las cámaras de televisión son los cantos de sirena que despistan al “rebelde” y “revolucionario”, y si a eso le agregas el ego y la soberbia, el caldo de cultivo solo engendrará más bacterias.
 
Pero la razón principal de este escrito radica en la ingenuidad de su autor. Aún con el escepticismo y la incredulidad ante el debut de Sin Filtro, pensé que la primera emisión podría tener algunos atisbos de calidad. La formación universitaria de sus jóvenes y un hipotético traslado efectivo a la práctica de los ideales ingenuos con los que se creó la emisión me condujeron a esa inferencia. Cuando vi el promocional de este programa, me temí lo peor, pero aduje ese pesimismo a los nervios e inexperiencia de sus participantes. Vi casi completo el primer programa, y como el protagonista del poema de Edgar Allan Poe ante el cuervo y su sombra en el dintel de la puerta, puedo gritar con horror: “Nunca más”.  Describo para ustedes las dolencias estomacales del alimento chatarra que ingerí.
 
Una escenografía digna de un KFC, apabullada por demasiados colores (parecidos al mejor sueño de Erno Rubik) y un montón de inscripciones del título del programa, era la carta de bienvenida a una sucesión de tropiezos. El moderador Genaro Lozano y sus compañeros dedicaron el primer bloque a responder agravios y acusaciones, hechas en su mayor parte por usuarios de las redes sociales. En suma, una serie de justificaciones que nadie solicitó, solo para salvar la imagen de los estudiantes que participan en Sin Filtro. Desde el primer momento, el tono fresa de algunos de sus participantes logró poner en estado de emergencia a mis tímpanos. Y cuando mencionaron que su tema sería la democratización de los medios, me pregunté, ¿qué eso no lo habían dicho antes, en otros lugares bajo otras denominaciones?. El formato, poco novedoso, se degeneró en una concatenación de interrupciones y gritos, donde el moderador no moderó nada y los participantes soltaron ocurrencias de los temas o se desviaban de los mismos. La opinología, en su versión especial juvenil.
Sin Filtro carece de estudiantes que realmente sean representantes de una juventud estudiosa, informada y crítica.  Con molestia recibí cada participación de Gisela Pérez de Acha, estudiante del ITAM mejor conocida como “EstoyHarta”.  Sus intervenciones eran condimentadas con frases repetidas hasta la epilepsia como “el estado falló”, excusa y explicación para sus naderías intelectuales. La muchacha siempre caía en contradicciones, ya que aceptaba que Televisa simulaba pluralidad con el ejercicio de Sin Filtro (¿y qué carajos hacía en Foro TV?). En un ejercicio de inusitada soberbia y en abierto frente contra lo que defendió cuando pertenecía al movimiento #YoSoy132 , Pérez sentenció: “no tengo interés en democratizar los medios mediante esta vía, sólo vengo a opinar sobre los temas que me interesan”. En otra contradicción, pide más voces para evitar la fusión entre verdad y poder en los medios de comunicación y luego dice que no hay que abrir espacio a todas las voces porque no todas las opiniones “son brillantes” (¿y cómo se mide la brillantez?, ¿cuáles son las inteligentes y pésimas opiniones?). Pero la joya de la corona fue el término nuevo que acuñó para la posteridad, la “bonditud”. Palabra inexistente, pero que Pérez de Acha puede decir con toda impunidad mientras el castellano se retuerce del dolor.  Con este vocablo, me queda claro que los “meros moles” de esta joven son las charlas de Starbucks televisadas para mero onanismo mental.
 
El caso de Antonio Attolini fue menos trágico, pero igualmente revelador. Defendiendo con fervor su congruencia, el ex integrante de #YoSoy132 se paso repitiendo datos sin sustentar debidamente las fuentes, sólo para apantallar a las audiencias (no se acordó del nombre de un libro de Trejo Delarbre y no citó las fuentes oficiales donde sacó los datos del número de canales y radiodifusoras de este país). Sus explicaciones sobre el espectro radioeléctrico y la concentración de medios eran reiterativas en ciertos puntos del debate, además de insuficientes (ok, el 80% de las radiodifusoras están en diez manos, pero ¿qué más?, ¿porqué esa concentración?, ¿cuáles son las comparaciones de este tema respecto a otros países? ). En un argumento que pudo agradecer con aplausos y vítores Hugo Chávez, calificó como “golpista” al canal de Venezuela RCTV, lo que alimenta las sospechas de varios críticos de aceptar implícitamente la conveniencia de un Estado interventor que ejerza la censura en los medios de comunicación. Y junto a Gisela Pérez de Acha, dedicó buena parte de la emisión a hablar sobre la veracidad del periodismo en base a artículos que escribieron medios como Proceso o MVS respecto a su persona. Algunos dicen que Attolini fue el mejor panelista de este programa, pero es como decir que en tierra de ciegos el tuerto es rey.
Los demás chicos no se salvan. Jorge Galván, un estudiante militante del PRI, soltó una frase que bien pudo firmar al pie de la letra cualquiera de los presentes: “vengo aquí a defender mis opiniones”, y “quizá” a generar propuestas. El mismo Galván sentenciaba que se confundían “conceptos técnicos, políticos” cuando se habló de pluralidad, pero jamás explicó cómo se debía abordar esos temas, además de insistir en el sesgo de las opiniones de Televisa. Aunque es difícil delimitar lo que significan conceptos como poder, veracidad, sesgo informativo, Estado o democracia para los especialistas en Ciencias Sociales, al menos se basan en los postulados de los expertos de la materia para abordarlos en la realidad concreta. En Sin Filtro, no se vio ese esclarecimiento. Marco Vinicio, por su parte, habló sobre un acceso universal a Internet para lograr una mejor democratización de los medios como una muletilla, sin explicar cómo será el modo de acceder a la conexión en red o las políticas para que los pueblos y comunidades más empobrecidos y sin instrucción tengan las computadoras o los medios para poseer esa panacea, que por sí sola no ejerce la total democracia. Al alabar la Ley de Medios de Argentina, se le olvidó que la Human Right Watch (Derechos Humanos) y la Sociedad Interamericana de Prensa se han pronunciado con grandes reservas y críticas a las “bondades” de esta ley.  Jorge Pérez, el “Astroboy”, no tuvo demasiadas intervenciones como para criticarlo, más allá de su sueño de hacer una cinta de video sexual. Y Daniela Higuera, estudiante del Tec de Monterrey, demostró muchos nervios e incapacidad para hilar dos frases coherentes, denotó poca preparación y nunca podía terminar una frase sin soltar una risa nerviosa, lo que comprobó que nunca tuvo idea de lo que se estaba hablando.
 
Luego de 54 minutos que pude emplear para rascarme la entrepierna o hacer mis tareas escolares, ratifico que el daño está hecho. Aunque es la primera emisión y pese a mi obstinación en que algo de Sin Filtro podrá cambiar, lo que pasó el domingo se presta más a una broma involuntaria que a un verdadero ejercicio democrático. El discurso hueco, la verborragia crónica y el tratamiento baladí de los temas solo pueden generar sopor y ganas de sintonizar una buena cinta porno en vez de este programa. Desacreditado por muchos sectores de la juventud, este espacio y su presencia en una empresa cuyo ropaje de abuelita esconde a un lobo feroz vuelve frágil su permanencia y recuerdo en los televidentes. Donde se presume apertura, sólo hay una falsa ilusión que se desvanece, entre poses hipsters y charlas de café y cigarros.
 

viernes, 17 de agosto de 2012

Experiencias en El Informador


Por Andrés Gallegos

Luego de tres meses, me obligo a realizar un paréntesis y abandonar las prácticas en El Informador. Tuve la oportunidad de conocer y aprender de todo un poco.  Agradezco que me sacaran del desempleo y de lograr una mejora en mi capacidad de síntesis y edición de notas. Hoy siento algo de nostalgia. Así que presento, en forma de aforismos, mis experiencias (pasionales, sexuales o nucleares), de este trabajo que me permitió, también, elevar mis despilfarros en libros que no he tenido la oportunidad de leer.

PARTE I

DURANTE LAS ELECCIONES

"Se anexa contenido íntegro: Ni un abogado contable pondría un rótulo tan gris".

“La mejor forma de resumir que tengo es omitir el sujeto, verbalizar el sustantivo, adjetivizar el verbo y escupirle en la cara al predicado.”

“Para qué cargo doce libros en mi mochila si no tengo tiempo para leerlos. Soy un agente de viajes de mi biblioteca personal.”

“Me pregunta mi profesor Sergio René de Dios las razones de mi laconismo patológico. Le respondo: no sé.”


“Es triste decirlo, mis compañeros de trabajo conocieron mejor las profundidades de mis silencios que el alboroto de mis conversaciones. El problema es que ni siquiera mis pláticas tuvieron mucho ruido”

 “Una vez, me topé con una descripción que más bien parecía el lamento de una anciana implorando por el regreso  de unos valores igualmente pusilánimes. Hablaba de unos ‘’viciosos’’ que se drogaban en una ‘’esquina’’. Con ese nivel de crónica, no me sorprende que se incrementen los decomisos de droga y la venta minoritaria de estupefacientes. Deja un dinero más noble que el sueldo de un periodista que usa tales expresiones.”

“Todas las tardes, me llevo sándwiches para comer. Luego me siento a trabajar en la computadora, y me reviso la playera para ver si no tiene el eslogan de campaña de algún político. Al mismo tiempo, veo mi reloj y pienso en la hora en que saldrá el camión que lleva a todos los acarreados.”

“¿Por qué ‘Seguridad’ se llama así?, deberían cambiarle el nombre por ‘Muertos y Levantados’. Así parecería un lugar de resurrección, lo más cercano al paraíso. Lázaro siempre estaría en las notas relacionadas.”

 “Un boletín es lo más parecido a una declaración de amor. Te promete, te ofrece, te garantiza y se compromete.”

“Soy un especialista en olvidar sinónimos y mutilar artículos y preposiciones, porque según mi lógica, la mejor síntesis es aquella donde puedas hablar como un extranjero que apenas conoce el castellano. Entonces, la gente lee una frase como ‘Obrador quiere renacimiento moral México’ y tienen todo el derecho de encogerse del susto. Está claro. Soy un terrorista de la lengua.”

“Tantos CEDHJ que EPN mi JVM, logran AMLO muy PVEM. Si PRD, PT y SHCP alimentan SEMAR, todos PRI hacia CANACO, OMS de la TEPJF (léase como poema, consigna electoral o nota política).”

“Cuando leo los comentarios de usuarios y trolls de la página web apoyando a uno u otro candidato, siempre me pregunto ‘¿dónde he visto esto antes?’. Luego, en la noche, abro Facebook y mi memoria se vuelve presente inmediato’’

“Es deprimente cuando no tienes notas por hacer, pero es peor cuando llegan y ves los temas que tratan"

“JORNADA LABORAL: Al inicio, realizas cirugías con precisión y vitalidad. A la mitad, adoptas rostro de consultorio médico. Al final, sólo entregas recetas médicas como volantes electorales para desahogar a los pacientes’’

 “No me gusta cuando en vez de hablar en voz alta, lo hacemos mediante el chat. Es como si todos estuviéramos enfermos de la garganta o nos cuidáramos la voz para cantar en una ópera. Propongo eliminar las conversaciones virtuales, vernos las caras unos a otros y…. arrepentirnos por tomar drástica decisión.”

PARTE II

DURANTE LOS JUEGOS OLÍMPICOS

“Eres muy bueno para subir noticias. Pero que ni se te ocurra abrir la boca para aparentar que sabes. Ser periodista y saber de deportes es incompatible. Es mejor ser un empleado, un autómata que suministre calor al asiento”.

“Logré reír. Se dirigieron a mí en palabras dulces, en un mensaje acaramelado que envolvía represión.  Abrí el contenido, y era puro miedo”.

“La amnesia es la sobrevivencia. Pero ciertas partes de la memoria deben preservarse. Sobre todo cuando llegue el momento de hacer genuflexiones con los superiores. La eucaristía es todos los días. El pan y el vino se consagran para evitar que hagan conmemoraciones a nombre tuyo”.


“Los contactos serán más importantes que la redacción. Con razón, las ediciones de deportes siempre sufren de corto circuito”.

“Los jueces son los malos, incompetentes que favorecen a chinos o coreanos e ignoran a los mexicanos buenos y piadosos.  El melodrama, la única narrativa que conocemos los periodistas deportivos de esta nación”.  

“Aprendí mucho. Los Juegos Olímpicos son un libro abierto para los que ven en el ejemplo del atleta una metáfora de la vida’’

 “Me topé con algo bizarro: llega un momento en que las demás notas no importan, sólo las de ecuestre. Al parecer, los caballos son una gran afición entre los jerarcas del diario’’.

“El terror irrumpe en la redacción. Una nota se subió 46 segundos tarde”.

“Estar al minuto y ser impuntual a la vez”

“El oro olímpico es para el futbol. Al fin, los periodistas tienen motivos para festejar en horas laborales’’

“Las mejores noticias no son las que están bien escritas, sino las que cierran con la expresión ‘Londres 2012’ ’’.

“Colocar titulares se vuelve mecánico. Lo único que se necesita es poner sustantivo (el nombre del atleta o el país), un verbo gastado (gana, conquista, logra), y cerrar con el color de metal (oro, por lo general). Como consejo, poner Londres 2012 para aumentar las visitas en línea’’.

 “¿Porqué se tiene que subir una nota sobre waterpolo o lucha?, para que les importe a quienes debería importar el deporte”.

“TV Azteca coloca música de fondo en las competencias.  Ésta gente es capaz de llevar un DJ o una orquesta al sepelio de un familiar’’.

“Los campeones son cada vez más jóvenes. Mocosas de 15 años ganan medallas de oro y tipos que divisan los 27 deben retirarse. Con que celeridad el Olimpismo devora a sus figuras. Ancianos prematuros y niños prodigio, es lo de hoy”.

“El consejo que les doy es una esquela. Si tienen un impulso de presentar en público algo de tus conocimientos, agarra un mazo y golpea con furor tu cabeza. Un día aprendí que el que sabe algo es el idiota de la familia, es la plaga que debe fumigarse. Dejen que el fuego convierta en desierto el bosque. Y los árboles secos, sin fruto, alimentarán al lector con ramas esqueléticas”.

“Londres 2012. Gracias por todo. En cuatro años nos volveremos a ver. Fueron dos semanas de amor mutuo. Río es nuestra próxima cita. Te esperaré, día tras día, hasta que vuelvas a abrir la puerta.  La ilusión es que pueda estar allá, en Brasil, pero si no se puede, de alguna manera nos volveremos a ver. Aunque sea a distancia otra vez”.

domingo, 17 de junio de 2012

Locura de padre: Un homenaje


Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

NOTA: Este texto fue una dedicatoria a mi padre como parte de un aniversario que celebró como miembro de la organización Alcohólicos Anónimos. Pero lo suscrito aquí tiene igual validez para un día como hoy. Sin más que agregar, aquí está la carta.

Documentar los deslices neurológicos de mi padre y convertirlos en un homenaje de aniversario es una labor difícil. El humor negro que se pretende dar a estas situaciones, fácilmente se confundiría con algún resentimiento olvidado o en un reproche enmascarado en una sonrisa. Por otro lado, es muy sencillo lanzar dardos irónicos hacia la otra persona, pero esos proyectiles humorísticos, dirigidas en búmeran hacia el que esto escribe, ocasionan indigestiones y una que otra mueca reseca, embarazosa. Comprendo si para muchos de ustedes sea desagradable que usen tus defectos como exhibicionismo nudista,  pero siendo sinceros, muchos de nosotros presumimos la salud de nuestro aparato bucal mientras masticamos con dentadura postiza y labios de colágeno. De allí la burla como escarnio de nuestras miserias. Entiendo que AA no es un club de comedia (es mucho menos divertido aunque con el mismo número de cigarros encendidos), pero a petición expresa del festejado, pongo a su disposición su miscelánea de chucherías con la risa amargada que Dios me regaló, esa risa que utilizamos para no llorar.

A lo mejor muchos de ustedes se preguntarán, ¿Cómo sobreviviste a semejantes desplantes dignos de la psiquiatría?, ¿tus nervios no estarán abollados, paralíticos, al borde de la insania, pidiendo asilo en un hospital mental?.  Con la ayuda de Dios, sería una respuesta adecuada para salir del paso. Pero hay veces en que los enojos del homenajeado son tan repetidos, rutinarios y frecuentes, que me han llevado a pensar en que el Ser Supremo pidió refugio en un manicomio celestial, harto de los deslices de su creación terrenal. Si no utilizo camisa de fuerza es porque, de un modo u otro, la locura de los padres se traspasa a los hijos sin posibilidad de devoluciones. La rutina del reloj cuyas manecillas recorren la misma ruta desde siempre reemplaza a la sorpresa, y aprendes a convivir con esas neurosis. Por más que me esforcé por desprenderme de mi padre, este me sigue a todas partes. Reconozco que yo y mi progenitor somos uno sólo en la locura, y es entonces cuando de verdad lo aprendes a amar, porque es un ser humano que no perdió la capacidad de amar.

Cálmate un poco más, padre, sólo es una petición. Haces huracanes allí donde hay chubascos. Si le bajas una rayita a tu ánimo, perderás puntos en la lista de espera para ser atendido por el cardiólogo. Hay días que, de tan molesto que llegas a la casa, uno ni te puede tocar, con el temor de que el león salga de la jaula y se coma a su esposa e hijo. Te enojas si hay un objeto ubicado un milímetro fuera de su sitio, como si molestarte provocara que ese objeto regresara a su lugar. Tranquilo, padre, en este tu aniversario, si el café que te sirvieron está amargo o si la cuchara no está bien lavada. Te lo pedimos todos, familiares, amigos, compañeros y hasta desconocidos. Tu carácter no puede perder tiempo descabezando las cabezas de las gallinas y la cola de los gatos.

Si desean conocer la furia en persona, les recomiendo poner manos a la obra en las siguientes operaciones. Agarren una bolsa de plástico y sacúdanla para generar conciertos sonoros que revienten los tímpanos y la tranquilidad ideal de mi padre será témpano derretido. Laven los trastes de tal modo que los residuos olorosos del huevo se impregnen en la totalidad de los platos y las manchas de café matutino languidezcan en el lavaplatos. Escondan algún objeto que mi padre necesite encontrar, y tendrán una casa con los roperos tumbados en el suelo, además de una pared convaleciente de la frustración de tamaña expedición. Intenten toser, secarse la nariz de mocos o tener una leve respiración entrecortada, porque la molestia de mi padre logrará agravar los síntomas, diagnosticando cáncer donde hay un simple catarro. También pueden hacerlo enojar apagando el ventilador en olas de calor (que son los 365 días del año), atiborrando su celular de llamadas perdidas (creerá que lo persigue la CIA), usando los pantalones como frigoríficos del culo o cruzando la calle en puentes peatonales.

Claro está que hubiera preferido a un papá menos temperamental. Pero no hubiera sido mi padre, entonces. Porque incluso, llego a tomar sus defectos como virtudes, y prefiero pensar de manera clara allí donde sólo se presentan los tonos oscuros. Si mi papá se embroncaba con Juanito de la chingada, decía que no era un buscapleitos, sino un hombre valiente, sin temor a nada. Cada vez que alzaba la voz, todavía en los momentos en que aumentaba el volumen en mi presencia, sentía que me encontraba ante una pirámide de hierro, sin flaquezas ni agujeros. Cada enojo tuyo tenía una razón de ser, y cada insignificancia que producía incandescente magma en tu carácter volcánico, era tema de hazaña y cantos populares. Te sigo mirando con ojos de hijo, de allí lo difícil que me resulte ser objetivo con tu comportamiento. 

Hoy aprovecho para compartir una inquietud personal. Se supone que este es un centro de recuperación, pero me mintieron todo este tiempo. Mi papá va a recuperarse y llega todavía más enojado, como si este grupo solo funcionara para agitar las cabezas de los alcohólicos recuperados. Y si va con mi mamá, la situación se agrava, porque tengo una doble locura vagando en la casa. Pero, después de serenarme, recuerdo que este grupo es el ideal para un hombre como mi padre. Porque tal zoología de libidinosos, derrochadores, apretados, frígidas, groseros, reventados, embusteros, impotentes y habladores, son la compañía ideal para reducir tanta locura paternal. Tal colección de defectos ha obligado a mi padre a verse menos loco que ustedes, y este reto lo motiva a seguir sobrio. Gracias a todos ustedes por soportar a mi padre, y ayudarlo a crecer. Y te felicitó a ti, padre, porque no te tomas estas palabras en serio, y comprendes que, pese a la mofa que pueda realizar de tu persona, eres mi padre y esa es razón suficiente para quererte mucho. 

lunes, 4 de junio de 2012

Aforismos sobre periodismo


Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

 “Las primicias, ese vicio del ‘yo lo dije primero’, volvió al reportero en un plusmarquista de tiempos efímeros. Al perder la sensibilidad amorosa en detrimento de la rapidez orgásmica, el periodista se convirtió en un eyaculador precoz”.

“No es necesario preguntarle algo a un deportista. Basta con que les jales la cuerda a estos muñecos para que te repitan las mismas frases. Solo prendes tu grabadora hasta que el lazo vuelva a su posición original y con eso ya tienes la nota de portada de la sección deportiva”.

“No me sorprendería que en un tiempo futuro, la gente se suscriba a los boletines de prensa de los organismos de relaciones públicas institucionales para mantenerse informado. En ese momento, los periódicos desaparecerán.”

Escena de película ''Ciudadano Kane'' 
“¡Me siento robado! Me prometieron una entrevista exclusiva con el ganador del Premio Nobel de Literatura y no le dejaron hablar en los treinta minutos que duró su intervención en la pantalla.”

“Una entrevista exclusiva es una plática banquetera en un lugar sin sol”.

“El día en que creí ver una escenificación de teatro no del Japón, un periodista de espectáculos presentaba su sección en un noticiero matutino”

“Máxima del periodista incisivo: Insulto, luego critico”.

“Requisito para ser un comunicador libre: estar comprometido ideológicamente”.

“Una discusión entre un editor y un reportero siempre termina con unas cuatro o cinco faltas de ortografía en la sección donde ambos laboran”.

“El periodismo mundial es una enciclopedia que se imprime y se desecha en un solo día”

“El reportero que no realiza bien su trabajo adquiere los hábitos de un velador: duerme mientras los demás están despiertos”.

“Los reporteros salen a la calle y cuando regresan, todo el tiempo estuvieron en la sala de redacción”.

“Al estudiante lo toman preso por sorpresa, lo meten a una cárcel y los profesores comienzan a golpearlo y azotarlo, mientras le dicen a cada instante que se acostumbre, ya que el periodismo es sufrimiento”.

“Hoy compré el Metro. Cuando lo doblé para leerlo más adelante, el diario comenzó a chorrear sangre, y esta se derramó en mi ropa. Asustado, desplegué el periódico, lo sacudí varias veces y de pronto cayó inerte la cabeza de una mujer con dentadura cadavérica, piel ennegrecida y una especie de zanja en la parte media de la frente. Solté de inmediato aquel maléfico pergamino de circulación nacional y noté que aquel cráneo que dormitaba en el asiento del copiloto era la represalia final de un marido cornudo”.

“Los columnistas son los sofistas de hoy”.

“Los diarios están comprometidos con el calentamiento global: ponen mujeres en pelotas a doble página todo el tiempo”.

“Si eres periodista y tu máximo logro es una entrevista exclusiva con el presidente de la República, estás en un problema”.

Las grabadoras, amigas y enemigas a la vez
“Alguien me dijo una vez que un periodista o medio de comunicación sin Twitter no existe. Alarmado ante la posibilidad de mi propia desaparición, escribí una carta al tal Twitter para pedirle clemencia y rogar que me aceptara en su seno para seguir viviendo, pero me sentenciaron a muerte por redactar más de 140 caracteres.” 

“El periodismo hace amigos, ya tengo diez mil de ellos en mi perfil de Facebook”.

“Un analfabeto del medio opinó que leer es una pérdida de tiempo para escribir buenos textos periodísticos. Me di cuenta de la honestidad de sus palabras cuando segundos después abrazó efusivamente al presidente municipal y lo llamó por su nombre”.

“La fe en la verdad se sustituyó por la fe de erratas”.

“Tienes dos opciones con los boletines de prensa: traspasarlos palabra por palabra al medio donde trabajas, o modificar sus párrafos para crear una pieza de comedia allí donde los serios lo llaman chayotismo”.

“El periodista es el único que publica los rebuznos de los burros, de forma entrecomillada”.

“Los economistas de la televisión pasan como expertos para las ovejas del sueño”.

“El reportero de nota roja habla como policía, el encargado del narcotráfico habla como uno de los miembros de los cárteles de la droga, pero todavía no conozco a alguien que hable como periodista”

“La cultura de un país se refleja en la calidad de los suplementos dedicados a esta actividad en los periódicos”

"La única manera de obtener imparcialidad leyendo la prensa es comprando un kiosco entero de revistas"

"¿Te digo cual es mi secreto para mantenerme en lucidez?, la sección de política... jamás la leí" (parafraseando a Churchill).

"¿Qué es la ciencia y la tecnología?, la crónica de avances que jamás se entenderán y el compendio de desastres que jamás ocurrirán''.