lunes, 13 de abril de 2015

Memoria de Eduardo Galeano

Por Andrés Gallegos
2010
Ocotlán

Mucha de mi buena historia lectora se debe a las recomendaciones de otros. Un amigo, Gonzalo Jáuregui, me regaló el primer volumen de “Memoria del Fuego” con descripción mitológica.

 - Es la mejor combinación de historia y literatura. Galeano es breve, es poético y entrega mucha información. Debes leerlo, Gallegos.

Abrí el libro con la curiosidad del que agarra dulces en un tazón. Esos caramelos de media página se convirtieron en una indigestión de azúcar. El escritor uruguayo es fiel exégeta del teorema “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.  Concisión más contenido, así definiría el libro, no exento de poesía.

Eduardo Galeano se reconoce un pésimo estudiante de historia en el prólogo de “Memoria del Fuego”. Pero escribió sobre ella para devolverle “el aliento, la libertad y la palabra”. Con esto entendí que las mejores creaciones literarias surgen de los aconteceres desgraciados. El ajuste de cuentas es una musa muy seductora. Gracias a Galeano por aniquilar las enseñanzas de su pasado.

América Latina es un continente abrumado por su pasado oficioso, corrompido, petrificado en monumentos y ceremonias cívicas. “Memoria del Fuego” reivindica el pasado, platica con él y le extrae sus mejores narraciones. Historias de despojo, de rebeldía, de amor. La literatura cuenta estas verdades como si fueran una ensoñación. De allí que sea tan difícil encasillar al libro como “histórico”.

Las primeras culturas enseñaban el pasado como una narrativa protagonizada por fuerzas sobrenaturales. En Galeano, lo sobrenatural es encarnado por protagonistas de carne y hueso. Por eso son tan atractivos de leer. Los tres tomos de “Memoria de Fuego” son esa tradición mitológica de Latinoamérica registrada en papel.

Gracias Gonzalo por la recomendación. 

2011
Ocotlán

El activista de sofá nunca trató bien al balón. Nadie le daba un pase en las “cascaritas” y cuando le entregaban el esférico como limosna, la rajaba de cicatrices negras con sus puntapiés toscos. Las maderas que no agarraron el barniz se volvieron tablones con astillas. Ahora despotrica sus traumas de juego con increpaciones a ese tonto deporte que aliena las conciencias del proletariado.

Por eso los futboleros agradecemos que personas inteligentes como Eduardo Galeano nos defiendan. “El Futbol a Sol y Sombra” le devuelve al deporte su fisonomía juguetona, infantil, alegre. El músico uruguayo celebra con cantos de carnaval la festividad una actividad que está volviéndose seria y pedante.  Cuando el aficionado quiera hallar explicación teórica a sus gritos y sufrimientos, el libro de Galeano es una base explicativa para encontrar razones a la emoción.

Mis amigos aficionados al balompié tienen este libro de cabecera. Sienten que Galeano es un camarada que los comprende, un conversador que los acompaña al estadio para desarrollar interminables discusiones sobre el balón. A falta de faros literarios que iluminen la narración del futbol, los que aman la lectura se agarran a los pocos valientes que se atreven a sacar al balompié del underground cultural.

Dejen que Galeano y el futbol nos sigan distrayendo. Si fuéramos tan estúpidos como nos describen los resentidos que eran elegidos al último en los recreos, no leeríamos textos como “El futbol a sol y sombra”. Mejor agarren un balón y denle dirección a portería, para que “la de gajos” deje de aburrirse de ustedes.

Veinte años después de publicarse el libro,  Fidel Castro todavía vive. Ni la CIA ni Estados Unidos lograron acabar con su vida.

2012
Guadalajara

Cuando Gulliver fue desterrado de la tierra de los houyhnhnms, agarró tanto desprecio al hombre que se pasó el resto de su vida hablando con los caballos. “Patas arriba: la escuela del mundo al revés”, es un libro que acrecienta la misantropía. Tantos ejemplos de insensatez e histeria en el comportamiento social dibujan al hombre como los yahoos irracionales de la obra de Jonathan Swift.

La lectura en PDF no fue el único desgaste visual que tuve. La infancia desamparada, el desigual reparto de los recursos económicos, el consumismo desaforado, la cultura del miedo tan inherente a la persona que lo siente tan normal como comer o dormir, son ejemplos de esa escuela del absurdo en que se educa la gente. Historias y anécdotas revisten una descripción de infamias.

“Patas arriba…” es una lectura ideal para sentirse incómodo. Los escozores y picores se aposentan en la cabeza cuando pasas la vista por las páginas de este libro. Estas atestiguando la mejor demostración de la impotencia. De personas que se dicen racionales e inteligentes, y sin embargo, hacen todo el esfuerzo por volverse estúpidos.

Táchenme de loco, pero este sería un buen libro para los niños. Con una mente de paracaídas, son los que mejor aprenderían el contenido de la obra de Galeano. Porque juzgarán a los adultos y sus torpezas y su mala conducta. Y tal vez, podrían ser mejores ciudadanos con una lectura interiorizada desde la infancia, la edad donde mejor se aprenden las cosas.

Hoy la gente no respeta nada, no tiene virtudes y corrompe la ley. El santurrón de Al Capone, criminal de carrera, denuncia los delitos aún no castigados de la sociedad que se siente virtuosa por no pisar la cárcel.

2015
Guadalajara

El penúltimo libro de Eduardo Galeano, “Los Hijos de los Días”, confirma al uruguayo como un escritor de compromiso.

Pocos escritores ligan sus palabras a la narración de los excluidos y la denuncia de los que excluyen.

La crítica de los racismos y machismos, la denuncia de los excesos intelectuales, el ataque al colonialismo y los abusos de poder. Toda esta rebeldía está presente en la obra de Galeano.

Los escritores menospreciados, los adelantados a su época, las mujeres que ganaron en un mundo destinado a los hombres, los estudiosos que transformaron su realidad, los defensores de los pobres y las causas justas. Todos estos casos de éxito son valorados por la pluma del periodista charrúa.

Son tantas las historias que contó Eduardo Galeano, que no caben en un año calendario. “Los Hijos de los Días” es apenas un resumen de toda una vida literaria.

La gente se muere. Hoy le tocó al uruguayo, como nos tocará a todos. Pero sus libros siempre serán hijos de los días, presentes y futuros.



POSDATA: También murió Günter Grass, escritor alemán, premio Nobel de Literatura en 1998. Aunque tengo “El Tambor de Hojalata” en mi biblioteca, aún no me he dado tiempo de leerlo. Espero hacerlo pronto.

domingo, 12 de abril de 2015

No toda la culpa es de los camioneros

Por Andrés Gallegos

En la altura de Periférico Norte y Santa Lucrecia, a dos cuadras de la Avenida Santa Esther, un camión ruta 631 fue apedreado por un grupo de personas no identificadas, alrededor de las nueve de la noche. Rompieron un vidrio lateral de la unidad y lo peor, causaron lesiones a una mujer, Rocío Morales, quien iba acompañada por sus dos niños. Había un poco más de diez personas en el camión, incluyéndome, quienes tuvimos mejor suerte.

Esta es la unidad quebrada


Rocío Morales, quien recibió la pedrada. Sus dos hijos, un niño y una niña, menores de diez años, solo sufrieron el susto.


La piedra lanzada.



Repetimos como un dogma de fe que los choferes de transporte público son unos animales, un peligro al volante, unos trabajadores incompetentes dentro de un sistema corrupto.  Sin embargo, se suele olvidar que estas personas laboran bajo una presión estresante y están expuestos a sufrir incidentes como el de esta noche, 12 de abril. Casos como éste invitan a mejorar la seguridad de los choferes y a cuidar mejor los camiones, que finalmente, son públicos, es decir, para el uso de todos los ciudadanos.

Lanzar piedras en la oscuridad solo encubre la cobardía de quienes las arrojan. A esas personas sin nombre, ojalá y dejen de ser tan estúpidos y recuerden el valor del respeto. Lo peor es que estas estupideces suceden a diario, en varias partes de la ciudad. Luego ocasionan accidentes como el de la usuaria del 631. Algo más grave pudo haber pasado.

Antonio López, conductor de la unidad 827 alcanzada por el proyectil, señaló con cierta ironía que “casi todos los vidrios son de segunda mano, de que ya los cambiamos”. También solicita “vigilancia, mira cuanto tiempo tenemos aquí y ni patrullas se ven. Tampoco hay alumbrado y aprovechan para hacer esto diario”. El chofer da un mal volantazo o levanta pasaje en doble fila, y lo criticamos con justa razón. Pero luego les lanzan piedras a sus unidades, y por dentro, decimos “se lo merecen”. Ninguna de las dos situaciones es justificable. Existe el término medio aristotélico, que traducido al español significa, “ni muy muy ni tan tan”

Que no vuelva a suceder.

miércoles, 8 de abril de 2015

Los samples en la música: como ser originales siendo unos copiones

Por Andrés Gallegos

Copiar. Pegar. Las dos palabras más dulces del estudiante perezoso también representan la búsqueda de ciertos músicos por presentar materiales novedosos sin realmente crear algo nuevo. En algunos géneros musicales, como la electrónica y el hip-hop, el uso de samples -trozos de canciones que construyen o visten una nueva canción- no significa necesariamente una vergüenza, como en las academias. Bien utilizados, los samples pueden generar música de buena calidad.

Daft Punk ha utilizado samples en sus canciones
La destreza del músico de collage es que sepa copiar sin que se note. En cierto sentido, los DJ’s y raperos son unos chapuceros elegantes (algunos no tanto) de la música. Así como el estudiante experimentado en trampas cuida de borrar los hipervínculos del artículo que copió en Wikipedia, el artista del sampling debe disfrazar su Frankenstein sonoro de música que parezca humana, no cadavérica. Lo importante es tomar prestado dando crédito a las fuentes, combinar los ingredientes y que la comida recién salida de la estufa tenga un sabor único. Los mejores artistas del sample tienen la virtud de un chef parisino, combinar alimentos comunes y exóticos para presentar platillos de autor.

Mucha de la música que me gusta dista de ser original en sus fuentes. Pero es original en sus combinaciones, gracias al oído musical de quienes insertan las estructuras de canciones viejas en sus propuestas sonoras. La mejor música electrónica es, en mi parecer, la que interpreta mejor las influencias de otros géneros para presentar un sonido novedoso, auténtico. En vez de presentar un ensayo “copia y pega”, presenta un libro original con bibliografía.

En 1996, Josh Davis, conocido como DJ Shadow, presentó un álbum revolucionario en las escenas hip-hop y electrónica. Su obra maestra “Endtroducing” es la envidia del ecologista. La totalidad de sus canciones son reciclajes de otras, pedacitos mutilados de viejos discos de vinilo sesenteros y setenteros,  literatura en papel con hojas arrancadas de viejos libros de escritores olvidados. Sin embargo, su “corta y pega” tiene un efecto asombroso en el oyente.

La canción más representativa de este disco, “Midnight in a Perfect World”. La melodía principal y base del “track” en realidad fue compuesta por un músico finlandés, Pekka Pohjola, que pocos melómanos conocen. Soportando y acompañando este sample, DJ Shadow coloca otros cinco trozos de canciones, bajo un tono tranquilo.


Esta melodía, “Mutual Slump”, utiliza como gancho principal “Possibly Maybe” una canción de la cantante islandesa Björk.


Finalmente, “The Number Song” usa cuatro canciones, una de ellas el instrumental “Orion” de Metallica, una de las últimas manifestaciones artísticas de Cliff Burton en el bajo antes de su muerte.


El productor, con los oídos saturados de escuchar tantos discos, maneja una base de datos de miles de nombres que puede utilizar a su antojo. El saber enciclopédico predomina sobre la creatividad del músico que compone de la nada. DJ Shadow, con sus más de sesenta mil vinilos arrumbados en el sótano de su casa, logró componer un álbum totalmente nuevo, base de géneros como el hip-hop instrumental o el trip-hop, ese sonido electrónico oscuro perfeccionado en Bristol, Inglaterra.

Vinilos, la Wikipedia del sampling.
Los samples no son nuevos. De hecho se han venido utilizado en los setenta, con la música disco. Desde los sesenta, productores de música han combinado diversos géneros como el funk o el soul para crear sonidos atractivos. Actualmente, los copiones aprovechan las bondades de lo digital para mutilar a su antojo las canciones que quieran. Solo que algunos las dejan tal como están y solo se escuchan fragmentos pegados con saliva, canciones tan malas que parecen derrumbarse de las paredes donde las cuelgan. Otros combinan mejor los trozos y generan música totalmente diferente.

Otro ejemplo es Lucas McFadden, conocido como Cut Chemist. Sin la venerabilidad de DJ Shadow en el género instrumental, logró componer una buena canción llamada “The Garden” donde utilizo principalmente samples de “Berimbau”, de la cantante brasileña de bossa-nova Astrud Gilberto, compuesta por Baden Powell y Vinicius de Moraes. La combinación es bastante atractiva en mi opinión, una combinación de versos en portugués y scratches de tornamesa.


Algunos compositores de música electrónica esconden los samples y los vuelven imperceptibles para el melómano sabelotodo. Por ejemplo, el británico Simon Green, conocido por su nombre artístico de primate “Bonobo”, tiene la capacidad de usar segundos de batería de una canción o una instantánea base de bajo de otra canción para presentar piezas que parecen auténticas.


La costumbre arqueológica de algunos músicos de rescatar lo viejo me intriga. A diferencia de las piezas prehistóricas, que se guardan en un museo o se exhiben sin cambios en un sitio turístico, los historiadores de lo antiguo impulsan nuevas transformaciones del pasado, que derivan en nuevos géneros que pondrían los pelos de punta a los puristas de la historia. Un ejemplo es Parov Stelar. El músico electrónico austriaco, cuyo nombre es Markus Füreder, utiliza música swing, estilo muy popular en la década de 1930 en Estados Unidos, para transformarlas en piezas electrónicas de club de baile nocturno.


Como lo ven, usar el “copia y pega” en la música no es tan malo. Como los que elaboran tesis de maestría, el asunto es saber utilizar las citas y los textos sagrados de los teóricos científicos para evitar acusaciones de plagio. No es lo mismo citar a Max Weber, que decir algo de Max Weber sin entrecomillarlo.  Al final, las mejores tesis son las que dejan un conocimiento nuevo a la institución científica. Como los álbumes de los artistas mencionados le dejaron algo nuevo a la música.

Pero reconozco los problemas del sampling. Uno de ellos es que se olvide la música original en pos de la modernidad. Que se pierda el sentido histórico y considerar genios musicales o innovadores a personas que sólo son músicos (más o menos) competentes. Kanye West, el rapero fantoche y lengua larga, utiliza en su pieza sonora "Power" la canción “21st Century Schizoid Man” de King Crimson, tal vez el mejor grupo de rock progresivo de la historia. La canción no le quedó mal, pero yo personalmente espero que los fans del señor Kardashian acudan a la fuente original.



En la música pop, el sampling es pretexto para el plagio descarado. No me detendré a explicar todos los casos donde el músico ha sido sorprendido utilizando una parte melódica de otra canción, y es sancionado por ello. Los malos músicos no hacen sampling, simplemente se roban las canciones.  Un ejemplo. Vanilla Ice, el rapero con peinado de espátula, no solo utiliza una parte de “Under Pressure” de Queen y David Bowie, sino que tuvo el descaro de decir que su canción era diferente porque le había cambiado una nota musical.




En el arte moderno, el collage ensambla lenguajes gráficos de distintas procedencias para provocar una emoción estética. Me faltan conocimientos, pero parece que el sampling es el equivalente al collage en la música. Sigamos utilizando los samples para generar buena música. Pero con responsabilidad y buen gusto. 

martes, 7 de abril de 2015

Jean-Claude Romand y yo

O sobre el arte de fingir ser alguien más

Por Andrés Gallegos

En 1993, Jean-Claude Romand asesinó a su esposa, sus dos hijos y a sus padres. También intentó suicidarse, pero los barbitúricos no hicieron efecto. Lo condenaron a 22 años de prisión por su crimen.

Romand mató a su familia para no afrontar la terrible verdad. Su vida era una mentira. Durante 18 años de su vida fingió ser estudiante modelo y médico respetable, con un trabajo distinguido en la Organización Mundial de la Salud. Pero en realidad era un impostor. Un día reprobó un examen de medicina en la universidad, no repitió el curso y a partir de allí se lo inventó todo. 

Dejó de estudiar la carrera. Iba a la universidad pero no entraba a clases. Seguía pagando la matrícula de su escuela, con el dinero de unos padres que nada sabían de la decisión de su hijo.  Rondaba por la biblioteca y el resto del tiempo veía el televisor, dejándose engordar unos veinte kilos.

Un amigo lo visitó para saber de su ausencia en las clases. Romand le inventó que tenía cáncer. Con esa enfermedad, sedujo a una prima lejana, Florence, con quien después se casaría. Fingió seguir estudiando y fingió su graduación de la universidad. Luego se fingió un trabajo como investigador de la OMS.

Con el dinero de sus parientes y amigos se mantuvo una casa, un coche BMW y el colegio de sus hijos. La familia confiaba en él, por su distinguido trabajo y sus promesas de aumentar los rendimientos de sus ahorros al guardarse en bancos suizos. Con falsas curas contra el cáncer obtuvo más ingresos. Un día el suegro le pidió el dinero que tanto le había confiado a su yerno, y que éste ya se lo gastaba en conservar su farsa. Murió luego de una caída por las escaleras.

Los días de Romand eran rutinas metódicas. Dejaba a sus hijos en el colegio y en horas de trabajo se encerraba en un hotel, en el coche, visitaba tiendas de sexo o rondaba las afueras de las oficinas de la OMS en Ginebra, Suiza, para aparentar ser el investigador que curaría el cáncer con su trabajo. A veces se inventaba congresos en el extranjero, de varios días de duración. En la ciudad donde se desarrollarían las conferencias, Romand se encerraba en algún hotel cercano al aeropuerto y veía pasar los descensos y aterrizajes de los aviones, tal vez preguntándose la fecha de caducidad de sus mentiras.  

Tanto fingía el médico que se inventó una amante, a la que mantenía con costosos caprichos. Luego le faltó valor para matarla, en el día donde todo se desmoronó. Algo salió mal en aquella rutina cuidadosamente planeada, y el aspirante a doctor no podía estelarizar más su obra de teatro. Aquel fatídico 9 de enero de 1993 todo el mundo supo quién era el verdadero Jean Claude Romand.

El escritor Emmanuel Carriére narró esta historia en una novela llamada “El Adversario”, manteniendo contacto epistolar con el ahora recluso. Incluso ahora, Carriere y muchos no entienden lo que pasaba por la mente de Romand cuando aparentaba trabajar y en realidad leía algún periódico en su coche para pasar el tiempo. ¿Qué sentía?, ¿hasta cuándo proseguiría su doble personalidad?, ¿temía que algún día lo pillaran?, ¿porqué no decir la verdad?.  Incluso hoy, Romand es un misterio sin resolver, una fascinación permanente de la psiquiatría y los estudiosos de la naturaleza humana. 

Yo tampoco puedo inferir las motivaciones del francés, pero algo en estas elucubraciones de su carácter me recuerdan mi vida reciente. Jamás a un grado tan monstruoso. Pero hay algo de la vida de Romand que incubé en la mía. Sensaciones que nunca podrán ser más agobiantes.

Mis últimos dos años y medio, especialmente los últimos seis meses, fueron una mentira. Fingía ser un estudiante de maestría pero nunca completé la tesis. Engordé muchos kilos por sentirme insatisfecho de lo que hacía. Aparenté estar enfermo en algunas ocasiones para no encarar la crítica de mis profesores.

Mis días pasaron rutinarios e infelices. Fingía encerrarme en mi casa a estudiar, pero en realidad perdía el tiempo en el Internet. Mentí a mis padres sobre mis avances en la tesis. Les decía que estaba corrigiendo mi trabajo, pero en realidad estaba viendo algún video de YouTube o una web de deportes. Solo que mis padres sabían que mentía. Pero me dejaron ser. Tenía que hacer mi propia vida, aunque fuera una sórdida sucesión de tropiezos.

No hice amigos. Olvidé a los otros que tengo y no me comunicaba con ellos. Me horrorizaba presentarme con la verdad por delante, decirles que no era el estudiante de maestría perfecto e ideal, el prospecto a investigador de la ciencia que muchos imaginaban de mí. Temía presentarme así, infeliz, fofo, ojeroso, y actuar ante ellos presumiendo que todo iba bien y mi vida era maravillosa.

Engendré el hábito de contar con obsesión las horas del día. Me quedan nueve horas para estudiar. Ahora me quedan seis horas. Solo me quedan tres horas. Mejor lo hago para mañana, que tendrá unas 16 o 18 horas disponibles para ahora sí trabajar en mi tesis. Y así todos los días. 

Un día, mi primera asesora de tesis se cansó de mis mentiras y abandonó la supervisión de mi proyecto. Lamento haber despreciado su ayuda. Pero la farsa debía seguir. Iba a la biblioteca a sacar libros que nunca leí. Iba paseando por la ciudad fingiendo que nada pasaba y pronto me recuperaría. No conciliaba el sueño. Viví de madrugada y dormía por las mañanas, como un velador. Pero olvidé el beneficio de pernoctar con el cuerpo vencido.

Hice llorar a mis padres. Les prometí que cambiaría, pero nunca lo hice. Era demasiado duro hacerlo. Por la mañana era el “ahora sí”, por la noche era el “hoy tampoco, pero mañana lo haré”. No pedí ayuda a nadie. Decidí tragarme la verdad y quedarme con el secreto, como Romand. Me refugié en la computadora, para aliviar la impotencia, para desperdiciar mi futuro, para negarme a mí mismo la sensación de que había cometido un error en la elección del tema de tesis. O incluso, que había estudiado la maestría demasiado pronto.

Casi toda mi generación ya se graduó. Yo todavía no. Lo haré. Pero necesito dejar de mentirme, de fingir que soy un hombre ejemplar. Tomé malas decisiones, pero a diferencia de Romand, no me construiré una vida alternativa y cimentarla en castillos de arena. La locura del impostor es horrible. No me sale actuar tan bien como el demente francés. Lo intenté y me convertí en otra persona, despreciable y repugnante.

Mi padre dice que detrás del miedo, no hay nada. Está el vacío. Lo aprendí a la fuerza, a la mala. Mi miedo a enfrentar la responsabilidad, a reconocer el fracaso, me volvió esquivo, un silencioso peligroso como Romand. Por eso comprendo al falso médico. Pero jamás seré como él. Todavía tengo una vida por delante. 

Que un examen reprobado no determine el resto de nuestras vidas. Hay un mundo afuera. Decidimos unirnos a la mentira, esperando que sea verdad por el paso del tiempo, con el terror de ser descubiertos como los ladrones nocturnos. O aceptamos la vida como una serie de tropiezos donde la mejor recompensa es levantarse para seguir andando.

Hoy he decidido no ser Romand. ¿Y tú?

lunes, 6 de abril de 2015

Mi nuevo trabajo (Proyecto para una columna)

Por Andrés Gallegos


Nota mía publicada en el impreso de hoy
En un panorama en apariencia desolador para los diarios de papel, un grupo de lunáticos que han leído más fantasías caballerescas que Don Quijote lanzan al mercado un nuevo periódico, llamado “El Diario: Periodismo Crítico”. En consonancia con la chifladura de sus encargados, un grupo de Sanchos (el escudero, no los aficionados al deporte extremo de seducir mujeres casadas) viajamos a lomos de nuestros burros para acompañar a estos caballeros en la aventura de publicar un periódico. Como resultado, ahora trabajo como reportero de la sección económica de este diario, un esfuerzo editorial comandado por un grupo de empresas zacatecanas, bajo el mando general de Guillermo Ortega y la dirección editorial de Sergio René de Dios Corona.


Descargue el número uno del diario en PDF: http://ntrguadalajara.com/digital/2015-04-06.pdf

Explicar esta obstinación en imprimir periódicos se asemeja a los bebedores trasnochadores que arriban a un bar que se cierra, presintiendo los primeros rayos del sol mañanero, o el bar que se aburre ante la falta de clientes con nuevas conversaciones, y sin embargo, sigue abriendo sus polvorosas puertas. En Estados Unidos, el porcentaje de adultos que leían uno o más periódicos impresos pasó del 80 por ciento en la década de los sesenta, a solo un 57% en 2003. La circulación disminuye de 475 diarios por cada mil personas en 1960, a 287 diarios cuatro décadas después, según datos del profesor Joseph Dominick en su libro “La dinámica de la comunicación masiva”. Los lectores de impresos se vuelven más viejos, con promedios de edad arriba de los 50 años, mientras los jóvenes, dispendiosos en la compra de smartphones y el ancho de banda de su internet, se vuelven tacaños al preguntarse la utilidad de comprar un periódico que les sale gratis en el ciberespacio.

Y los voceadores que se levantan temprano para abrir sus kioscos se preguntan por qué les llevan cerros de periódicos que no se venderán y solo les fatigan sus espaldas al momento de cargarlos. Según la Asociación Nacional de Voceadores, Periódicos, Libros y Revistas del país, la venta de diarios ha caído un 35%, achacándolo a una débil cultura lectora y el auge de los nuevos medios electrónicos. Las épocas actuales, donde cualquiera que no se quemó las pestañas durante tres años y medio en una licenciatura en periodismo genera noticias interesantes y al momento, prescinden del reportero de carrera por parecer un oficio redundante e innecesario.  El periodista y el periódico ya no tienen la exclusividad de la palabra en la transmisión de noticias. El oficio es un noble francés disminuido por las turbas revolucionarias de la Bastilla. Como bien dice el profesor paraguayo Benjamín Fernández Bogado, los dueños de periódicos se creen importantes pero apenas llegan a unos pálidos 30 mil lectores en un país de más de 100 millones de personas.

Con semejante melodrama donde solo falta el pañuelo en la cara y la sorbedera de mocos, ¿para qué se abre un nuevo periódico?, ¿para qué tomarse la molestia de pagar salarios a reporteros, fotógrafos, editores, equipos tecnológicos, agencias noticiosas, y hasta una rotativa traída de los Estados Unidos, si los gurús de la nuevas tecnologías repiten que lo de hoy es el Trending Topic, los Hashtags, los videobloggers y el frapuccino retro subido a Instagram?. Ciertos estudios le insuflan vida al moribundo o relajan el llanto con un clásico “no es para tanto”. Un informe de WAN-IFRA denominado World Press Trends, todavía hay unos dos mil 500 millones de lectores de papel que sostienen el mercado, contra 800 millones de usuarios digitales.  Además, este mismo estudio señala que el 93% de las empresas de información obtienen ingresos de la publicidad impresa, lo que resulta necesario para pagar sueldos que aún no sufragan la gratuidad del periódico web o el escepticismo de ciertos lectores a destinar parte de su dinero a leer una versión en línea de equis diario (“El País” tuvo que abandonar una versión de pago de su página web ante los nulos beneficios económicos redituados a Grupo Prisa).

La revista Forbes y su colaborador José Luis Antón Alvarado ofrecen una interesante explicación de la existencia actual de los periódicos impresos. Según el politólogo, los medios impresos aún resultan importantes para la clase política en particular y las cúpulas de poder en general, porque es a través de esta plataforma donde le miden el agua a los camotes. Si el político se mira en la portada del periódico, se hincha como un pavorreal al ver su foto o sus declaraciones facilonas como titular de ocho columnas. Además, los conglomerados que sostienen el diario pueden utilizarlo como un medio de presión o pedirle prebendas a la clase mandona del país o del estado donde circulan. Otra vez Fernández Bogado tenía razón, los periódicos van a cuchichearle al poder, a contarle secretitos como amiga adolescente de colegio. Pero por supuesto existen las excepciones. Ojalá y “El Diario: Periodismo Crítico” sea la irregularidad de la campana de Gauss.

Aun así, todo lo anterior no responde en su totalidad los motivos para la apertura de un nuevo periódico en la ciudad de Guadalajara. Tal vez una buena respuesta estriba en las especulaciones placenteras de las corazonadas. Motivos que se explican por sentimentalismos y amores. Con todo y los motivos de marketing esgrimidos para abrir una nueva opción informativa (la posibilidad de crecimiento en la segunda ciudad más importante del país, la insatisfacción de los lectores con los diarios locales, etc.), nada se materializa si no existe una convicción que responda más a lo místico que a lo racional. A lo mejor esa corazonada, más la sensación renovadora de lo primerizo (como el bebé recién nacido en brazos de los padres), permitió abrir una nueva oportunidad al periodismo impreso, lo cual es agradecido por periodistas que nos negamos a ser ninguneados, que aún creemos en la importancia y utilidad de nuestro trabajo, tercos que embestimos como toros rabiosos sabiendo que somos lo más importante de la faena y queremos ganarnos el indulto que avale el resto de nuestras vidas. Solo que a diferencia de las reses bravas, no somos tan nobles como para ser burlados todo el tiempo por la muleta.

Por mi parte, aprovecharé el espacio que me brindan para crecer como periodista, comunicador y escritor. También espero aprender de todos mis compañeros. Agradezco a Sergio René de Dios Corona la oportunidad brindada y espero estar a la altura.  

lunes, 16 de marzo de 2015

Mis reflexiones sobre el caso Aristegui

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

I

El despido de Carmen Aristegui de Noticias MVS representa la pérdida de un espacio alternativo y crítico de análisis e información periodística que debe lamentarse. Sin ser un gran seguidor del noticiero matutino, reconozco el trabajo de Aristegui y su equipo de reporteros, quienes lograron propinar grandes trancazos al poder en turno (la Casa Blanca de Angélica Rivera o las edecanes de Cuauhtémoc Gutiérrez) con reportajes propios de un buen periodismo de investigación. La popularidad y credibilidad de Aristegui han generado una intensa ola de indignación en su audiencia y en varios defensores de la libertad de expresión. Se pierde un espacio periodístico alternativo que reduce aún más la disponibilidad de voces diferentes a las de siempre, en su mayoría meros repetidores de las versiones oficiales o periodismo liviano incapaz de encontrar los rincones donde los poderosos esconden su basura.

II

Ciertas voces contrarias al periodismo de Carmen Aristegui celebran su salida de MVS con burlas y descalificaciones expulsadas por el resentimiento o la animadversión biliosa que no atina a encontrar causas racionales para tal emoción destructiva. Los defensores de Aristegui son tachados de “chairos”, palabra que no explica nada pero suena peyorativa. Adolescentes berrinchudos que solo debaten a gritos, vociferan el desagradable tono de discusión conocido como el “y tú más”, y llevan el diálogo a charcos sucios o tierras enlodadas del tipo “tu santona es títere de López Obrador, de Carlos Slim, y además es una lesbiana”, como si la preferencia sexual disminuyera las capacidades intelectuales de la periodista.

La idiotez de estos gritones de banqueta avala involuntariamente las manifestaciones de apoyo a la ex-titular de Noticias MVS. Criticar a Carmen Aristegui diciendo que la señora es una “seguidora del Peje” y no toca “ni con la espina de una crítica a los políticos de izquierda” (aseveración frágil que merecería una sustentación documentada), es como decir que Bob Woodward y Carl Bernstein eran parciales y tendenciosos por investigar a Nixon y los republicanos, pero no al Partido Demócrata. Como los tontos que en vez de mirar la luna, se detienen en el dedo que la apunta, atacan supuestos “delirios comunistas” o “bullying periodístico” de “Chairistegui”, pero no se detienen en observar si las investigaciones de Aristegui sobre los Legionarios de Cristo de Marcial Maciel, la Casa de las Lomas que la primera dama se compró con los ahorros de toda una vida en Televisa o las redes de prostitución que organizan ciertos políticos son temas importantes para la formación de una opinión pública crítica y cuestionadora de los abusos de sus líderes. Por mi parte, con todo y sus errores (que los tiene), Aristegui es una mejor opción periodística que muchas otras que solo escriben al dictado del que les paga.

III

Cuando la libertad de expresión protagoniza conflictos entre periodistas y patrones, por lo general resulta complicado creer en las versiones empresariales, puesto que los ejecutivos no ejercen este derecho con fines sociales o informativos, sino con fines de lucro. Y cuando la actriz estelar de una batalla así es una de las más destacadas en el ejercicio de la mentada libertad, entendida en su sentido profundamente periodístico (sus temas de investigación están allí para comprobarlo), por lo general esta práctica genera un conflicto con las cúpulas directivas y de poder. A todo esto agreguemos que nuestro país es uno de los más hostiles con los periodistas, con voces acalladas por la censura (Gutiérrez Vivó), las balas (Manuel Buendía), los cañonazos en forma de pesos plata o embutes (cientos de periódicos o el famoso “no pago para que me peguen” de López Portillo) o el continuo hostigamiento bélico-delictivo en situaciones de peligro como el narcotráfico (no olvidemos que México es uno de los países que más periodistas asesinan en el mundo), es comprensible que miles de mexicanos piensen -pensemos- en el despido de Carmen Aristegui como una afrenta más a la libertad de expresión que a un conflicto laboral interno.

Por lo que leí, MVS aduce un “abuso de confianza” por parte de Aristegui en usar la imagen de la empresa en Mexicoleaks, una opción periodística independiente apoyada por la periodista, como un argumento para su despido. Esta situación originó la salida del noticiero de dos reporteros, Daniel Lizárraga e Irving Huerta. De acuerdo a versiones de trabajadores del canal, Aristegui infringió acuerdos comerciales y quiso imponer su voluntad a la de la empresa.  No obstante, cuando a estas razones empresariales se entrometen determinadas circunstancias, por ejemplo, que los periodistas expulsados fueron quienes elaboraron la investigación de la Casa de Angélica Rivera, resulta más complicado creer en la veracidad de MVS y la familia Vargas. Los tentáculos del poder son demasiado largos y embrollados para pensar que los periodistas puedan convivir sin conflictos con semejantes calamares.  Al final, estos casi siempre buscarán una forma de asfixiarnos en el océano.

IV

La unión de los periodistas es tan ilusoria como los cuentos de hadas. Es doloroso atestiguar que una de las profesiones más peligrosas y precarias del país, también sea una de las más insolidarias. El periodismo también es uno de los oficios más desiguales, con conductores de noticieros viviendo en mansiones y manejando coches de lujo; y reporteros que se mueren de hambre en lugares olvidados de la provincia, temiendo en cualquier momento un secuestro, una bala, viviendo en permanente tensión. Las agotadoras rutinas de la profesión, el recelo con que ven los empresarios y políticos a quienes la ejercen, y los raquíticos sueldos que en la mayoría de los casos se pagan, alimentan el aislamiento y la vigilancia extrema del periodista. Habiendo poco trabajo, conservo el que tengo. Hay que guardar silencio para alimentar a la familia. El periodismo ya no admite héroes y los paladines de la libertad de expresión son vistos como soñadores de lo imposible, dementes de hospital psiquiátrico o con la indiferencia del que ya ha saboreado la textura jugosa del chayote.

Despiden a uno de los considerados ejemplos de la profesión, Aristegui, y el periodista que se rebela ante la fragilidad de su trabajo y la supervivencia agónica de sus escritos pide a sus compañeros que se unan para evitar ser los siguientes. Pero al gremio le han resquebrajado la solidaridad y sólo puede trabajar fragmentado, como conviene a los patrones de hoy, enemigos de los sindicatos y amantes de los esquiroles y de la mano de obra barata. Chapoteando en la inmensidad del mar, los reporteros náufragos se aferran a sus salvavidas, sin fuerzas y esperando que alguna corriente de aire los dirija rumbo a la costa.  El periodismo, profesión necesaria para cohesionar y auditar la vida pública del país, solo es honrado por esfuerzos individuales repelentes al cinismo imperante de quienes ya perdieron la fe en lo que hacen.

V

En sistemas corporativos como los del PRI, la libertad de expresión que germina voces discordantes e informadas sobre la actualidad política genera fracturas indeseables en quienes controlan su funcionamiento. Por eso, gobiernos como el de Peña Nieto nunca se sentirán cómodos con periodismos contestatarios e incómodos, porque ponen en riesgo la repartición del botín para sus miembros y la impunidad del que controla esta distribución. Pero la culpa no solo es del gobierno. Muchos periodistas, incómodos ante la desoladora perspectiva de utilizar el cerebro para generar información relevante a sus audiencias, prefieren que les coloquen la correa del perro para que los amos los lleven al parque, en vez de salir a explorar el mundo sin ningún tipo de lazo. Como en la etapa maderista, el ingenuo presidente de la nación pensó que la libertad de expresión debía ser permitida sin reservas, pero solo generó periodistas rabiosos hambrientos del hueso que les regalaba el dictador Porfirio Díaz.

Las redes sociales exigen un boicot a MVS, dejar de seguir sus páginas web y redes sociales, además de cancelaciones masivas al servicio de Dish, donde se puede ver la señal de televisión del canal propiedad de los Vargas. Parece una buena medida, pero solo será de carácter temporal. MVS apostará al olvido que ejerce la falta de una memoria ejercitada y el paso de los días, quedándose en su casa hasta que la tormenta se apacigüe. Los seguidores de Aristegui seguirán acompañándola a donde vaya. Es la suerte de quienes aún poseen cierta credibilidad. MVS derrochará una audiencia importante, pero algo harán para recuperar lo perdido, ya sea con publicidad del gobierno, algún concierto musical de Exa o tal vez un programa matutino de revista. A Carmen Aristegui, un sector del periodismo mexicano la seguirá teniendo de ejemplo. La familia Vargas apostará por balancear sus ingresos a fin de año, pero la libertad de expresión seguirá buscando gente que la defienda. Dar “unfollow” a una página de Facebook es apenas una actividad mísera y poquitera ante tamaños desafíos que enfrenta el equipo de Aristegui en particular y el buen periodismo nacional en general.

VI

Este pensamiento no es mío, sino de un amigo, José Luis Velasco, a quien le doy toda la razón:

“Quien piensa que a un periodista se le nulifica con la censura, vive equivocado, porque no hay mejor premio de periodismo que la legitimidad ganada a través del despido injustificado y de la persecución. Eso es una exaltación y una aceptación tácita de que no se tienen argumentos ante los hechos revelados.”

jueves, 12 de marzo de 2015

Microensayos de chile, mole y pozole

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

I

El linchamiento como justicia popular me parece un acto repulsivo.

En Tláhuac, la turba mata a dos policías y deja maltrecho a un tercero. Para los linchadores, eran violadores de niños. Un matrimonio propagó el pitazo.

Una película que me impacto en el bachillerato fue Canoa, de Felipe Cazals. Tres estudiantes mueren a manos de una chusma azuzada por el cura de la iglesia de San Miguel Canoa. Para los linchadores, eran comunistas.

Vidas inocentes se apagan por el ánimo encendido de la muchedumbre. Hacer justicia es una declaración de guerra. La gente suelta a Barrabás mientras los garrotes se lavan con sangre justa.

Una justificación del linchamiento es la inseguridad pública. Si los policías no hacen su chamba, nosotros actuaremos por ellos. En lugares donde la delincuencia tiene patente de corso, la paranoia se eleva y cualquier cambio de dirección del viento significa temporada de huracanes.

Siento desconfiar del efecto purificador de las turbas enfurecidas. No actúan por un pretendido interés de salvaguardar la tranquilidad de sus hogares. La dinamita se prende únicamente con un fósforo. Las motivaciones enmascaradas de algunos se vuelcan sobre la acción mal encausada de las mayorías.

II

Los niños bien portados son los que permanecen sentados. Esa es la única disciplina conocida por algunos profesores de primaria y secundaria. Un salón en silencio, con los traseros pegados a la silla. Para estos maestros, eso equivale a orden.

Esta clase de docentes son felices enseñando al dictado. Les aterran las actividades en equipo. Los pupitres se desalinean y el rechinido agudo exhalado al trasladarlos de un lugar a otro aturde los oídos sensibles de los profesores.

La mayéutica brilla por su ausencia. El profesor dice, el alumno asienta. Las manos permanecen asidas una a la otra, escondidas debajo de la mesa. Darle la participación a un niño es el prólogo del relajo y la norma de buena conducta es guardar silencio absoluto. El absoluto se recalca, por si no quedó claro.

En la primaria tuve un profesor llamado Eliseo. Un día le agradé. No hablaba con nadie, pero dialogaba a solas. Ese día me propuse cerrar la boca totalmente y el maestro me felicitó en público. Era un infante muy bien portado.

Los niños se convierten en adultos y trasladan la filosofía de estos maestros a sus hijos. No salgas, no hables con extraños, quédate tranquilito viendo la tele. Bien portado.

III

Cuando me preguntan si existe Dios, por lo general respondo afirmativamente. Sin embargo, resulta complicado explicar los argumentos de mi réplica.

Para afrontar este problema, dejo de lado cuestiones racionales, lógicas o filosóficas de gran calado. Mis motivaciones eluden la satisfacción ajena. La resolución de la existencia divina posee un significado íntimo, personal.

Dios no se entiende por medios racionales. Algunos argumentos de este tipo, como la Primera Causa, resultan falibles. Debemos preguntar, como John Stuart Mill, ¿quién hizo a Dios?. La apuesta de Blaise Pascal sobre Dios (si crees en Él y existe, ganas) me parece una pérdida de tiempo. Dios no es una tasa de cambio del Dow Jones o ludopatía de casino. Las religiones tratan de imponer su propia visión divina, negando las otras. ¿Cuál es el Dios verdadero, el musulmán, el cristiano, el judío? Esa pregunta ha provocado millones de muertes a lo largo de la historia.

La respuesta a la existencia divina podría encontrarse en la mística. Dios no se piensa, se siente. Ese descubrimiento únicamente se puede corroborar individualmente, mediante una experiencia religiosa. Esa verdad, repito, equivale sólo a esa persona. Es una postura más bien cercana a la de William James y su empirismo radical. Si Dios es la verdad que ayuda al creyente en su vida, Dios existe.

El acercamiento a Dios, en muchas ocasiones, se suscita de modo similar a esta frase: “No hay Dios en las trincheras”. Cuando el hombre o la mujer no encuentran asidero en sus vidas, enfrente de una situación límite, aflora un sentimiento religioso indescriptible. Como le sucedió a Martín Lutero en su época de seminarista o al mismo Pascal. La catarsis del hombre se sublima a un ente superior.

IV

La revolución debía disciplinarse. Un grupo de bandoleros se disputaban la silla presidencial a balazos, como les enseñó la lucha armada. Madero, Obregón, Villa, Zapata, Carranza, fueron devorados por las balas de la reyerta mexicana, atiborrada de traidores. El general Calles fundó un  ornamento institucional para gobernar al país. Así nació el posterior PRI, en ese momento Partido Nacional Revolucionario.

Durante 70 años, el PRI le enseñó al país un modo particular de gobernar imperativo aún después del triunfo de Vicente Fox en 2000.  Sindicatos “charros” como perfectos besamanos del gobierno en turno. Burócratas votando en masa por el partido oficial. Fraudes patrióticos. Intelectuales seducidos por puestos diplomáticos y nombramientos rimbombantes sin poder. Campesinos con tierras improductivas. Obreros marchando como ganado en los mítines del candidato oficial. Millonarios vividores del presupuesto público, con contratos jugosos y concesiones favorables. Prensa servil al imperio sexenal.

Fox y el PAN tuvieron una oportunidad histórica para debilitar al PRI en su presidencia. El bigotón y varios panistas acabaron apoyando al candidato tricolor el año pasado. La oposición de izquierda, formada por varios expriístas, no se independiza de sus raíces. #YoSoy132 resultó un buen intento para avivar la crítica al partido de los dinosaurios, hasta que la iniciativa se devoró a sí misma.

Peña Nieto regresó al PRI a Los Pinos. Las viejas prácticas continúan. Gonzalo N. Santos y otros caciques encontraron sustitutos en los Granier o Moreira. La república priista se restaura, aunque con regiones fracturadas controladas por el narcotráfico, juez y parte de las vidas de millones de mexicanos.

V

Roberto Gómez Bolaños crío una generación de idiotas. Dicen.

Veo “El chapulín colorado” y “El chavo del ocho”. Me siguen haciendo reír. Entonces debo ser un imbécil.

La comedia de Chespirito es vilipendiada. Los chistes son repetitivos hasta el hartazgo. Sus personajes son brutos, vanidosos, iracundos. Don Ramón debe la renta y fabrica mil y una tretas para escapar del Señor Barriga. Se hace mofa de los gordos, de los escuálidos, de las piernas de chichicuilote, de la fealdad del prójimo. La violencia es excesiva, los pelotazos duelen como yunques, el Chavo persigue a Quico con una escoba, con un ladrillo; al Señor Barriga siempre lo reciben con martillazos y troncos de madera. Como el Chavo siempre desea una torta de jamón, lo acusan de poco ambicioso y de vivir feliz en la pobreza.

Y sin embargo, los guiones de Gómez Bolaños traspasaron fronteras. En Sudamérica lo idolatran. En Brasil a Don Ramón lo llaman “Seu Madruga” y creen que la vecindad de “Chaves” está arrinconada en alguna favela de Sao Paulo o Río de Janeiro. De vez en cuando, se escuchan frases chespiritianas como “no contaban con mi astucia” o “como digo una cosa digo otra” en el habla cotidiana.

El éxito de Chespirito radica, en una parte, en las mediaciones sociales ejercidas por la televisión, fenómeno estudiado entre otros por el comunicólogo Jesús Martín Barbero. Cuando la gente mira un programa, busca encontrar su vida cotidiana al otro lado de la pantalla. La vecindad del Chavo se vuelve un símbolo cultural de la vivienda popular iberoamericana. La vieja de tubos, el desempleado sin gusto por el trabajo, el niño presumido, el héroe temeroso de la Llorona y las momias, todos son reales. El mejor modo de afrontar estos caracteres, estos fenómenos culturales, es burlándose de ellos.

VI

Mi mamá tenía dolores de parto a los 22 años. El bebé salido de sus entrañas ya tiene 24 y ni siquiera tiene novia. Soy un “rara avis”. Compañeros de secundaria y bachillerato ya son padres de familia. Yo todavía vivo en un estado de pubertad permanente.

¿Cómo será la mujer amada? He adoptado la postura de espera, como una flor en espera de la abeja polinizadora. Algún día llegará a mí esa mujer, inspiradora de poemas cursis y leperadas plagiadas a los albañiles. En ese momento me drogaré con oxitocina y veré a la amada con una perfección obscena. Su mugre será jabón, sus berrinches gritos de euforia, si todos los hombres y mujeres del modo hacen caca, diré: “ella sería incapaz de algo tan vulgar y prosaico”.

Tuve una “novia” a mis diez años, solo le di un beso en la boca y “cortamos” porque preferí quedarme en casa un domingo. En la preparatoria me interesé por una chica, cuando más me gustaba no me animé a dar el siguiente paso y cuando dejé que el proto-enamoramiento se evaporara con el paso del tiempo, la muchacha de mis sueños ya estaba con otro hombre. Mis historias de amor no alcanzan para llenar una cuartilla. La cuenta del mandado dura más tiempo en narrarse.

Como dice la canción “Natural Selection”, del grupo electrónico inglés UNKLE; “Maybe I’ll find the right one for me”.