viernes, 17 de febrero de 2012

Alatriste y el plagio de las ideas (Opinión)

Por Carlos Andrés Gallegos Valdez

El caso de Sealtiel Alatriste amenaza con quedarse en el olvido si no se resuelven los principales conflictos derivados de sus acciones. No es suficiente con que el escritor decline al Premio Xavier Villaurrutia y a su puesto como Director de Difusión Cultural de la UNAM, si no se prenden los focos de alerta sobre las consecuencias que semejantes actos dejan en la vida universitaria y cultural del país.

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El plagio es censurable, ya sea de uno o dos párrafos como de una tesis de doctorado. Las excusas interpuestas por Alatriste únicamente reflejan el pensamiento timorato de siempre: infringí la ley pero sólo tantito, me tienen envidia, soy víctima de conspiraciones, todo es mentira, las adversidades no me doblegarán. La corrupción bebe sus aguas de la falta de autocrítica, ese mundo donde los demás tienen la culpa menos yo. Las excusas sobre la verdad. ¿No es una situación ya conocida y vivida mil veces hasta el hastío, hasta perpetuarse en rutina?

Existen muchos Alatristes en las escuelas, en los centros de investigación, en todos los ámbitos de la vida, porque existe gente que los solapa e incluso los premia. Ante tal descomposición, hace falta la valentía, la honestidad, el atrevimiento, para defender los ideales más elevados que la teoría presume pero la práctica cotidiana aborrece: la búsqueda de la verdad, la transparencia, ayudar a la sociedad mediante los conocimientos de las ciencias y los valores de las artes.  Para erradicarlos, se necesita trabajo y disciplina para:

1.- Evitar el nepotismo a toda costa, ya sea para entregar premios literarios como “pago de favores” o colocar familiares en nóminas universitarias.

 2.- Defender la honestidad y respeto a las ideas (y textos) de los demás. Pasar de “citar al cuadrado” a citar con APA o a pié de página, con entrecomillados donde correspondan, bibliografía completa y las exigencias mínimas que se le solicitan a todo estudiante y académico que se precie de serlo.

3.- Que los rectores y jefes de departamento revisen con escrutinio el trabajo de sus profesores, investigadores y alumnos, para elevar los controles de calidad en la enseñanza de la educación superior. Así mismo, despedir a aquellos que no realicen adecuadamente su trabajo. Meritocracia, no burocracia ni tráfico de influencias.

4.- Que los señores llamados “intelectuales” concentren su tiempo en mejorar al país mediante su trabajo, nunca en alimentar su soberbia mediante premios y becas literarias, viajes al extranjero o puestos universitarios que sólo usan para el autoelogio y la condecoración de paredes.

5.- Mayor apertura a las ideas fundamentadas en el estudio y la ciencia, en los famosos círculos “intelecutales”. En estas sectas hablan pocos, son siempre los mismos, son intocables, se anclan en los mismos temas, y normalmente, defienden ciegamente una ideología generalmente ligada a la política.

6.- Las universidades deben hacerse de medios para evitar el plagio. Hay sistemas informáticos, como el Turnitrin, que revisan sobre millones de textos en sus bases de datos, para eludir este mal. Pero no existe nada mejor que poner el ejemplo día con día



Los mal llamados “intelectuales” necesitan dejar de alimentar una cultura del plagio, de la corrupción, de las estructuras de parentesco enclavadas en los centros de poder, del más intricado e intocable tráfico de influencias. En caso contrario, tendremos una cultura moribunda, doctrinaria a la hora de recetar medicamentos contra los males nacionales y, sin embargo, incapaz de curarse a sí misma. Una cultura idéntica a la realidad misma.

2 comentarios:

  1. Lo disfruté, desde el primero hasta el últimó párrafo. Cuando sea grande quiero ser como usted, mi estimado!.

    Eduardo Magaña

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    1. Muchas gracias, Eduardo, saludos y un fuerte abrazo.

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